<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811</id><updated>2011-10-03T18:01:30.017+02:00</updated><category term='Sin noticias de Gurb'/><category term='Eduardo Mendoza'/><category term='fronteras'/><category term='Sabina'/><category term='alpinismo'/><category term='pirineos'/><category term='Tuc de Mulleres'/><title type='text'>Personal &amp; Transferible</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>16</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-5159680772303743250</id><published>2010-04-15T17:31:00.008+02:00</published><updated>2010-07-19T14:52:17.864+02:00</updated><title type='text'>El árbol</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/S8cxgNclncI/AAAAAAAACdE/6a0DGK5Xk4Y/s1600/Arrels.JPG"&gt;&lt;img style="text-align: justify;float: left; margin-top: 0px; margin-right: 10px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px; " src="http://3.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/S8cxgNclncI/AAAAAAAACdE/6a0DGK5Xk4Y/s320/Arrels.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5460387502645157314" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Nunca nadie supo cómo fue a parar a aquél rincón. No era lugar para un roble. A veces crecen árboles en lugares donde no les rodea ninguno de su especie. Empujados por la fuerza de los años pasados, con raíces obstinadas que resisten cualquier tala. Aguardan sigilosas años bajo tierra, siglos, y hacen surgir cada primavera brotes verdes hacia el sol. Quizá esta vez será la vencida. Todo por recuperar el terreno perdido.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Pero ésa no había sido su historia. En esta ocasión, debía haber sido una semilla. Una bellota. Algún animal la habría dejado allí, por alguna extraña vía. Algún jabalí, por el suelo. Alguna ardilla, por las ramas. O algún pajarillo, por el aire. Y allí se quedó, encajonada. Una semilla de roble a los pies de un gran pino de copa. Cubierta poco a poco por hojarasca seca. Nada más alrededor, sino la antigua masía. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El invierno fue duro. Muy gris, pero escasa lluvia. Poca luz, mucha espera. El agua había caído casi toda en septiembre, y lo haría de nuevo en primavera. Mientras tanto, el cielo oscuro, el aire gris. El humo de la chimenea olía a la resina de las piñas. No había ruido. Todo estaba tranquilo. Todo estaba muerto. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Algo sí se avivó. Era el viento, aire en movimiento. La copa verde se balanceaba mucho, densa. Quizá era demasiado grande, tan alta. El temporal azotó la región. El pino perdió ese día el equilibrio. El invierno había sido definitivamente duro. La caída fue rápida. Mucho ruido. Y luego silencio. La noche continuó su rumbo. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La semilla no pudo notar nada. Allí, recogida, no podía sentir la diferencia. ¿Cómo notar que, en adelante, ese agua del subsuelo no se la llevaría el pino? Siguió su curso, y en primavera nació el germen verde. Lo hacen decenas y miles de otros cada año. Aunque muy pocos consiguen arraigar. La probabilidad no ayudaba. Pero el pino había caído. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La primavera la pasó escondida entre malas hierbas. Más altas, más densas, pero con menos futuro. Ese año nadie segó el lugar. Quizá eso fue lo que salvó al brote. Llegó el invierno. Seco de nuevo, tras un otoño torrencial. Las hierbas fueron cediendo: se habían estirado demasiado, sin tener raíces profundas. Pero el fruto de la bellota no. Había sido más precavido. No trabajó para ser más visto, sino que cavó bajo tierra para buscar proyección. Y se había arrimado a un buen árbol. Un árbol que le cedió su lugar. Su buena sombra ya no le cobijaba. Ahora podría ver el sol. De momento aún hacía frío.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Un día, el agua volvió a caer. El verdor a crecer. El calor llegaba de nuevo. Y esta vez salía gente de la masía. Y talaron el pino caído. Un niño podaba los brotes verdes en lo bajo de los troncos de los árboles: ciruelos, encinas, alcornoques. Descubrió el pequeño roble que crecía con el viejo pino. ¿Cómo había podido ir a parar allí? Decidió ayudarlo. Lo guardó arrimado. Lo regó. Le podó las hojas bajas. Y esperó al año siguiente. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Fueron años de la misma historia. Paciencia. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Primavera, verano, otoño, invierno. Una y otra vez, el ciclo repetido. Tiempo al tiempo. Y el árbol iba creciendo. Centímetros. Un metro. Una ramita dura, marrón, ya no sólo verde oscura. Cinco, diez, veinte hojas. Cuarenta. Un tronco fino, no más ancho que un dedo. Llegó otra vez el invierno. Un verano. Otra primavera. Aquél otoño. La naturaleza se abría camino. La vida seguía su curso. Hay árboles centenarios, los hay milenarios. El secreto es la tranquilidad. La paciencia. Las noches frías de invierno, las solas tardes de otoño.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Han pasado ya más de quince años, y aquella tenue promesa es ahora una estilizada silueta. Alta, homogénea, con un tronco que no se abarca sin la ayuda de las dos manos. Habían retirado ya los restos del viejo pino. Había sido delicado, porque al arrancar la raíz, el roble perdió sus bases. Pero aguantó. Habían sido años de curas, horas de cuidados. Una colonia de insectos atacó su base un verano. Un cruel juego infantil le rasgó la corteza y le hizo sangrar resina. Alguien paró el ataque a tiempo. El roble siguió su curso. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Hoy, tan sólo un hecho deja entrever su pasado. El roble tiene la copa fornida, verde, grande, uniforme alrededor de un tronco superior recto. Pero el roble está torcido. Empieza oblicuo, en dirección al lugar dónde un día hubo el tronco de un pino. Cuando alcanza ese punto, endereza su paso al andar, busca el cielo y obtiene la vertical. Es como si el roble quisiera poner su copa encima de las raíces del árbol a los pies de quien creció, aún teniendo que desviarse de las suyas propias. Es como si quisiera agradecer a quien dio su vida por la suya. El roble nos señala el lugar dónde quedaba aquél pino. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Hoy ha llovido. Ha vuelto a coger fuerzas. El roble está torcido, pero guarda todo su sentido.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-5159680772303743250?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/5159680772303743250/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=5159680772303743250' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/5159680772303743250'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/5159680772303743250'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2010/04/el-arbol.html' title='El árbol'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/S8cxgNclncI/AAAAAAAACdE/6a0DGK5Xk4Y/s72-c/Arrels.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-1111870114149228422</id><published>2009-10-20T13:16:00.003+02:00</published><updated>2009-10-20T13:28:59.286+02:00</updated><title type='text'>Diversión contra pereza</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dejo  aquí un vídeo que encontramos el otro día en la web: en el fondo, es muy bonito. El hombre como ser curioso y que le gusta entretenerse, frente a la búsqueda de la eficacia y la eficiencia aun cuando no hay fin alguno (excepto, claro está, para aquellos que por problemas físicos necesitan esa técnica).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  white-space: pre; font-family:Arial, sans-serif;font-size:10px;"&gt;&lt;object width="560" height="340"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/2lXh2n0aPyw&amp;amp;hl=es&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/2lXh2n0aPyw&amp;amp;hl=es&amp;amp;fs=1&amp;amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="560" height="340"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-1111870114149228422?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/1111870114149228422/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=1111870114149228422' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/1111870114149228422'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/1111870114149228422'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2009/10/diversion-contra-pereza.html' title='Diversión contra pereza'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-7934657559169592307</id><published>2009-09-16T03:05:00.025+02:00</published><updated>2011-09-12T13:27:20.045+02:00</updated><title type='text'>Veo El Tiempo, luego existo</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SrC5lZ-98MI/AAAAAAAACaY/wfIvUSI3I-M/s1600-h/el+tiempo2.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5382005606989033666" src="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SrC5lZ-98MI/AAAAAAAACaY/wfIvUSI3I-M/s320/el+tiempo2.jpg" style="cursor: hand; cursor: pointer; float: left; height: 258px; margin: 0 10px 10px 0; width: 320px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SrA9UroHlFI/AAAAAAAACZ4/EitHfql6E00/s1600-h/El+Tiempo.JPG"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;“Hasta aquí las noticias. Ahora les dejamos con ¡El Tiempo!”&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;***Sintonía del Telediario***&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;Era entonces cuando a mi abuela le crecían las orejas, afinaba la vista y se le aceleraba la respiración. Ella nunca quería perderse El Tiempo. Y tuvieron que pasar años hasta que empezara yo a entender sus motivos. Si mi abuela hubiera sido jardinera, campesina, o cartera de Correos, yo habría entendido que le preocupara la intemperie. Pero ella no lo era. ¿Por qué tanto afán en saber si el día siguiente será lluvioso o seco? ¿Por qué tanto placer en las isobaras? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;¿Era por comparar presentadores? “Las brumas matutinas en la parte septentrional de la península", los "chubascos de intensidad fuerte o moderada” del retirado Montesdeoca, en la Primera. “Ruixats, calamarsa, vent de mestral, llevantada” en TV3, el desespero de Alfred Rodríguez Picó, defensor del medio ambiente: “això no és boira, és contaminació. Ja fa anys que anem avisant, però no hi ha manera”. Una voz de la conciencia en un programa que creía neutro e insípido. No, no podía ser eso, ella aún no estaba aficionada al cambio de canal. “Ep, que son las diez, pon la dos que darán El Tiempo”. ¡Y dale!, pensaba yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo, un día lo entendí. Comprendí sus motivos. Lo noté dentro de mí: quise ver el tiempo, porque buscaba algo que me relajara. Quise ver el tiempo, porque quería ver lugares conocidos. Quise ver el tiempo, porque volvía de un día ajetreado. Y encontré la razón. Mi abuela miraba el tiempo porque era el único referente real y sosegado que le quedaba en la televisión. Era el único espacio que le estaba realmente dedicado, en persona, el único programa que entendía y que la hacía sentir como en casa. El programa anterior –las noticias- era un suceso de eventos avasalladores: terremotos en Turquía, soldados americanos muertos en Afganistán, manifestaciones en China, tecnología en el Salón del Automóvil de Tokyo, concierto multitudinario en Sudáfrica... Y ella ya no sabía, como tampoco lo saben muchos otros hoy, dónde estaba. Aquí, allá, con lo bueno, con lo malo. Uno ya no sabe quién es y qué hace en este mundo. Y sin embargo, luego llega El Tiempo. El Tiempo, algo que siempre está ahí, que nunca cambia. Siempre igual, el mapa y el hombre delante diciendo que si hará sol o se nublará la Península. Parece un programa insípido, y sin embargo lo dejamos empezar, con su hilo musical tan ligado a la compañía energética que lo patrocina.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;Y entonces entras en el juego. Porque El Tiempo no sólo habla del cielo, sino de la tierra. De tu tierra. Te recuerda dónde están las capitales de tu provincia. El Tiempo, que con su mapa te muestra el lugar dónde se encuentra tu mar, dónde están el Sur y el Norte. El Tiempo, nuestra casa vista desde el aire. Y donde se nos explica la única noticia que, con una probabilidad del cien por cien, seguro que podremos palpar al día siguiente. El Tiempo, la única información verdadera por mucho que sólo sea una predicción. Todos estamos en las noticias del tiempo, después de no encontrarnos en las crónicas del telediario. El Tiempo, que desde hace ya unos años, no sólo nos dice qué pasará, sino lo que pasó, con instantáneas que ilustran lo que se dijo el día anterior: no importa la predicción, lo que queremos es ver que seguimos ahí. Nos enseña en directo, desde una cámara de vídeo fija, la ciudad de Balaguer. Nieve en Salamanca. El lago de la Vall de Núria. Bañistas en Alicante. Nos enseña estos lugares cercanos, donde hemos estado, donde fuimos de boda, donde pasamos un fin de semana, donde vive el tío Pepe. Sant Feliu de Guíxols, el pantano de Susqueda, els aiguamolls de l’Empordà. Y fotos, fotos de los lectores: los campos del Pla d’Urgell con granizo, rayos delante del puerto de Barcelona, nieve en Collformic. El Tiempo no sería El Tiempo sin el mapa, no hay tiempo sin espacio. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El Tiempo te devuelve la calma, te muestra lo que conoces. Te habla cercano, te dice hasta mañana. No, a mi abuela no le cambiaba mucho que el cinco de agosto se presentara más o menos caluroso que el cuatro. Lo que le interesaba era ver que en este mundo de tecnología, de noticias mundiales y tertulias sobre personas anónimas, alguien le hablaba de su casa. De lo que vería al día siguiente al despertar. No le preocupaba si la exactitud de la predicción. Simplemente, dormía mejor sabiendo que hasta gente como ella tenían un hueco y una existencia en este mundo, era partícipe de aquél espacio. Había visto el tiempo, ya podía ir a la cama. El día siguiente volvería a amanecer. Nublado o soleado, eso era lo de menos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-7934657559169592307?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/7934657559169592307/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=7934657559169592307' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/7934657559169592307'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/7934657559169592307'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2009/09/el-tiempo.html' title='Veo El Tiempo, luego existo'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SrC5lZ-98MI/AAAAAAAACaY/wfIvUSI3I-M/s72-c/el+tiempo2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-5158975791278921265</id><published>2009-07-05T23:06:00.040+02:00</published><updated>2010-07-19T14:51:26.897+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tuc de Mulleres'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pirineos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='alpinismo'/><title type='text'>El Tuc de Mulleres</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SlIUnUaAT9I/AAAAAAAACUA/WLnmSczZ3jY/s1600-h/Mulleres+025.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SlIUnUaAT9I/AAAAAAAACUA/WLnmSczZ3jY/s320/Mulleres+025.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355365572622176210" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SlIUD5b_BwI/AAAAAAAACT4/Eo6G7atKPNY/s1600-h/Mulleres+017.JPG"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ésta es la historia de tres ganadores. Tres vencedores que coronaron con estilo el Tuc de Mulleres, una cima pirenaica de 3.010 metros de altura, la mañana del 5 de julio de 2009, tras partir con el sol desde el antiguo hospital de Vielha. Tres montañeros que establecieron un nuevo récord al ascender hasta los 3.013 metros, tres metros más que la montaña en sí, ya que se colocaron en &lt;i&gt;tres de nou amb folre i manilles&lt;/i&gt; una vez en la cima, alcanzando así físicamente las estrellas y espiritualmente la gloria.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Ésa sería la noticia que habríais leído hoy en "L'Exprés de Vielha" de no ser por la fuerza inusitada del destino. Un empuje bestial que acechó a nuestros héroes desde mucho antes de lo que uno se pueda imaginar. Un arrebato imparable que azotó las bases de la misma tierra. Preparaos para sentir lo que aconteció realmente esa fría mañana estival en un rincón del Pirineo. Ésta es la crónica de otra muerte anunciada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;La excursión iba a ser legendaria. Apuntaba alto. Muy alto, más de tres mil metros de Pirineos. Nieve, crampones, refugio, montaña mítica... estaban todos los ingredientes. Cierto es que el grupo que inició el ascenso esa mañana era bastante reducido, pero hay que señalar que los alistados habían sido muchos más. La expectación creada alrededor de la futura hazaña había sido tan grande, que no pasó desapercibida a las masas. Desgraciadamente, de ocho apuntados tras las primeras pesquisas, pasaron a ser cinco el día D, que se convirtieron finalmente en tres a la hora H. El grupo iba menguando como un hielo al sol, la gente iba cayendo como la mosca de Obama, las desgracias llamaban a cada una de nuestras puertas. Pero tres afortunados aguantaron el envite y, valientes, se citaron a la hora convenida en el lugar adecuado. El Mulleres iba a ser nuestro. De Nacho, de su cuñado Jose Ignacio, y mío. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SlEivZ6QVVI/AAAAAAAACTA/t7Z2wUf9TGI/s320/Mulleres+027.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355099629724652882" style="margin: 0px 10px 10px 0px; text-align: justify; float: left; cursor: pointer; width: 240px; height: 320px;" border="0" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 238);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Pero algo debió pasar con los Dioses del Olimpo: parecían no estar con los buenos. Porque nada más poner los pies en la montaña, empezaron a llover las desgracias. Intentando olvidar el neumotórax de Álvaro (ex futuro número cuatro de la expedición) y el lumbago de Jose María (antiguo número cinco), Jose se encontró con una refrescante bienvenida. Y es que al bajar del coche fue a parar directamente a un charco, mojándose de lleno sus Adidas Stan Smith y los pies con ellas, desde el dedo gordo hasta el tendón de Aquiles. De acuerdo, el origen fue una emboscada de Nacho y mía, sutilmente colocados entre el fangal y el farol del albergue para que la luz de éste no iluminara aquél. Pero el caso es que no es normal hacer el pleno al quince nada más llegar. Y aún más sospechoso resultaba que, un pelín antes, la voz del GPS del coche, muerta tras horas de rutas comarcales y rurales, en vez de decirnos el riguroso “gire a la derecha”, lanzó un “ahora, gire por dónde pueda”. Sí señores, sí: ¡verídico! El GPS perdía el Norte y, lo que es peor, nos anunciaba a viva voz su desespero. Esa voz seca se nos hizo más humana que nunca. ¿Fuerza magnética, isobaras tremendas, humedad relativa, qué es lo que la hizo temblar? No podía ser verdad, pero lo era: hasta la más útil de las tecnologías deponía sus fuerzas ante la madre Naturaleza. Y allí estábamos nosotros.  Ah, aire fresco de montaña para tres frescos de ciudad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Ya situados, decidimos que antes de bajarnos a dejar los trastos, mejor irnos pitando a comer algo, para lo que debimos deshacer y luego rehacer diecinueve kilómetros. La montaña y sus solitarios habitantes es lo que tiene. Pero como dice Álvaro, “paga la pena”. Porque nos encontramos a Indalesio, nuestro hostelero argentino, alias “el rápido”. Íbamos escopeteados por eso de la hora límite de entrada en el albergue. Y bam, al entrar al restaurante, vemos un mensaje  encuadrado donde pone “Para comer bien, se debe saber esperar”. Capito. In your face. Y todo antes de abrir la boca. Pero se lo decimos igualmente a la camarera, otra que desenfundaba con parsimonia. &lt;i&gt;Renoi&lt;/i&gt;, es que esto siempre pasa: cuantas más prisas, más retrasos. Para que os imaginéis nuestro desespero, nos planteamos hasta dormir en el restaurante. Y es que al preguntarle (dos veces) “¿dónde se puede dormir aquí?” ya que preparábamos el terreno ante la posibilidad de encontrarnos el albergue cerrado, el tío soltó un “¡¿aquí?!", señalando el suelo de su local. No home no, en el pueblo. Y nos dijo que lo iba a consultar. A la wikipedia, no te digo. Nos hizo una foto curiosa porque no apretó el botón, a lo que le pedimos que por favor, la repitiera pero esta vez apretando, gracias. “Güiquiiiii, digan güiquiiiiii”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;En fin, un lugar en el que nos hubiéramos quedado a gusto más rato si no fuera por el crono. Un lugar donde la lógica imperaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nacho: “Un Sprite please”&lt;br /&gt;Camarera: “&lt;i&gt;D’acord&lt;/i&gt;, te traigo un Sprite, ahora consulto si tengo, pero si no, pues te traigo un Aquarius”&lt;br /&gt;Nacho: “No mujer no, si no hay Sprite, tráeme un Seven Up" (¿qué me vas a traer un Aquarius si no tiene nada que ver?”…)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O, en la mesa de al lado:&lt;br /&gt;Camarera: “Qué, ¿estaban buenas las empanadillas?”&lt;br /&gt;Los otros comensales: “Hombre, buenas sí que estaban, pero lo que pasa es que eran tan sólo dos, rellenas de queso y cebolla, cuando nosotros habíamos pedido tres, y de carne”&lt;br /&gt;Camarera: “&lt;i&gt;Bé&lt;/i&gt;, sí, es que como no me quedaban de carne, pensé que con estas ya harían”…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué jeta, digna de un Máster en la Javier Persons' Business School. En fin, todo un show. Nosotros nos tomamos una cena ligera, para preparar bien la ascensión: pizza con patatas fritas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 238);"&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SlIUD5b_BwI/AAAAAAAACT4/Eo6G7atKPNY/s320/Mulleres+017.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355364964087301890" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Así que nos vamos de allí a toda pastilla, muy a nuestro pesar, y llegamos de nuevo al refugio, que Nacho reconoció porque “es verdad, tiene pinta de hospital antiguo, se ve que es el antiguo hospital de Vielha”. Trola monumental porque tenía unos tochos más nuevos que los de Marbella. Pero en fin, Jose y yo se la pasamos porque él ha pagado la gasolina. Luego, como durante el recorrido nos había dado una vergüenza tremenda telefonear de nuevo al albergue, nos tocaba dar la cara. Debíamos excusarnos, no porque en vez de ocho íbamos a ser cinco -eso ya lo avisamos el viernes-, sino anunciando ahora que al final veníamos sólo tres, y que encima queríamos tan sólo la tarifa básica (dormir), sin cena ni desayuno, que &lt;i&gt;la pela és la pela&lt;/i&gt;. Nos suponía un corte tremendo. Pero ahora no podíamos no anunciarle la buena nueva. Así que utilizamos la táctica disimula como puedas:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Llegamos al albergue a las once y un minuto de la noche. Entramos con cara de póker, fingiendo cansancio, y la alberguista pregunta “&lt;i&gt;bé&lt;/i&gt;, ¿sois los cinco?”. Ehem. Nacho se hace el sueco como buen Director Comercial que es. “¡Oh! ¿Cinco? ¿Que no han llegado los otros dos?”. La alberguista, muerta: “No. ¿Vaya, es que les habrá ocurrido algo? &lt;i&gt;Ai, ¡Mare de Déu&lt;/i&gt;!”. Entonces salto yo “Ostras Nacho, ¡espera, que los llamo!”, que tampoco quería que le cogiera un infarto a la mujer, y cojo mi móvil y hago ver que llamo y que hablo, haciendo ver que me decían que no, que no llegaban, “vaya, así que aún estáis lejos…”, y que se quedaban a dormir por el camino, “ah, que os cogéis un hostal en El Pont de Suert”, y quedando pues “hasta mañana a las seis de la mañana en el Albergue de Vielha”. Entretanto, se ve que la alberguista le decía a Nacho que “¿qué hace este chico, si aquí no hay cobertura?”, cosa que me repiten al volver a dirigirme al mostrador, me pongo rojo, &lt;i&gt;punyal&lt;/i&gt;, que me ha pillado, porque obviamente no había llamado a nadie… Pero por fortuna yo sí, yo sí que tenía las muy deseadas barritas de cobertura. ¡Uf! No pasé por un memo. Y solté “Pues será que tienes Vodafone, porque yo con Telefónica capto señal perfectamente”, y Nacho que responde, rizando el rizo al extremo: “pues será eso, que yo con Movistar no tengo nada”. Nos aguantamos la risa… y la alberguista asiente… “Oh, &lt;i&gt;és clar, és clar&lt;/i&gt;”…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Venga, para adentro. Nos lleva a nuestras cinco camas para tres, lo que no es tan desagradable. Ahora bien, ninguno de los tres se esperaba que de tanta humedad las sábanas estuvieran mojadas. Y cuando empezó el concierto de ronquidos nocturnos, Jose se asoma desde su litera, mira hacia abajo iluminando el paisaje con su móvil, y certifica: “Si hijos, sí. De una habitación de cincuenta, nos ha tocado debajo de nosotros el abuelete que ronca”. Y claro, entre el que ronca, el tío al que le daba la luz de la sala de al lado en la cara y se la tapaba con las manos juntas en su rostro como si se hubiera dado con la nariz en una viga, los tardones que entraron con focos en la frente como si esto fueran las cuevas de Altimira, Nacho que no podía dormir, pues nos entró la risa floja… Pero algunos logramos conciliar el sueño. Hasta que… &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;¡CATACRAAAAAAAAAAAAAAC! La madre de todos los truenos resonó en el albergue, de madrugada. ¡Qué zambombazo! ¡Qué petardo! Un verdadero diluvio. Yo pensé, de veras, que lo siguiente era un alud de piedras, porque aquella traca debía haber removido la tierra. Sí señores, sí. Tras meses de sequía y de verano, va y se pone a llover la madrugada del día D, y no de forma sutil sino con un estruendo que te mueres. No, dime que no es verdad. Que sólo quedamos tres y &lt;i&gt;hem de fer el cim&lt;/i&gt;. Pero sí, es verdad. El resto de la noche se oiría, aparte de una disonante pero persistente sinfonía de ronquidos (que Nacho se empeñaba en grabar con su móvil), un repicar de gotas en el techo, dip dip dip, dip dip dip. Un rebote regular, continuo, harmonioso. Un tamborileo que Nacho, que apenas durmió, y yo, que hice cuánto pude, identificamos rápido como lo que era: lluvia. Gotas cayendo celosamente en el tejado. Pero no podemos decir lo mismo de Jose-o-marmota-do-Brasil. Con un gran bostezo digno de Harpo Marx y su bocina (también presente en nuestros remembers del viaje), nos suelta, ya a la mañana siguiente: “yo, es que pensé que ese ruido era... el del aceite que borbotea al hacer huevos fritos. ¡Pensaba de veras que me estaban preparando un par de huevos fritos!”. Sí, señores, sí. El tío creyó que el ruido de la lluvia era el ruido de su camarero particular que le hacía un desayuno especial de huevos f-r-i-t-o-s. Lo que hay que oír, es que vaya tío. Huevos fritos dice. No &lt;i&gt;noi&lt;/i&gt;, no. Eso era lluvia, y de la buena. Nosotros sufriendo por el grupo y sin poder pegar ojo, y él regocijándose en su sueño y sus maravillosas fantasías. El mundo es injusto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Así que ya es la mañana siguiente y el albergue está de pie. Gente de Girona juega a cartas esperando a que amaine el temporal, y uno de ellos, de unos sesenta años, nariz prominente, calva circular, y bigote de vendedor de droguería, suelta, aunque parezca increíble, un “&lt;i&gt;oh caram&lt;/i&gt;, es la primera vez que veo una baraja española. Y esto que son, los oros?”, y le responden “que no hombre, que no lo ves, esto son copas”, y él contraataca “ah, ¡copas! &lt;i&gt;Oh caram&lt;/i&gt;. Y las espadas, cuales son, las espadas”, y le replican "éstas, que tienen el dibujo de unas espadas”… Un hacha, vaya.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Y se hizo la luz. La luz porque dejó de llover, así que decidimos ponernos en marcha, una media hora después de los de Girona porque ellos eran unos pros y nosotros no dejamos de ser de Can Fanga.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SlEivkscI7I/AAAAAAAACTI/zVCwx2dEmu8/s320/Mulleres+028.JPG" style="margin: 0px 10px 10px 0px; text-align: justify; float: left; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355099632619496370" border="0" /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Me apunto la siguiente garrulería del día al notar, ya empezada la marcha e incluso después de haberme permitido el lujo de pedir presteza a Jose y Nacho, que me he dejado los crampones en el coche. Ole. Lo que faltaba. Tras tanto rastreo en Barcelona por localizar y alquilar crampones, decido volver al coche para que la búsqueda no haya sido en vano. Bajo corriendo y subo como puedo, para reemprender la marcha con Nacho y Jose. Vamos hablando del tío Martín y de la naturaleza para ponernos en ambiente, cuando de repente una bifurcación. Un camino que sigue el río y el valle por un lado, un atajo pedregoso, empinado, lateral pero con un hito de piedras en el otro. Como el Tuc de Mulleres está tapado por las nubes y no tenemos ni idea de dónde está, sabiamente nos decantamos por la opción b. Es que somos gente civilizada, y si hay hito, hay hito y sanseacabó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 238);"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SlITDXFQ51I/AAAAAAAACTw/MvIgMRpIn_0/s320/Mulleres+031.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355363855353571154" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left; cursor: pointer; width: 240px; height: 320px;" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Y eso se pone arduo. El camino se pone difícil, pero nosotros nos abnegamos y subimos y subimos, fuertes como toros, preguntándonos cómo leches nuestro amigo ya apodado “&lt;i&gt;el cinc d’oros&lt;/i&gt;” ha podido escalar por ahí, a su edad. Pero nada, juventud divino tesoro, la cabra tira al monte. Arriba, arriba. Hasta que, pasados muchos, pero muchos minutos, quizá una hora, nos preguntamos si estamos en el buen sendero. Es que vaya, no hay sendero, y arriba se pone más vertical que el Everest. Nos asomamos por una carena lateral… y allí está. Allí, en el fondo del valle, subiendo al lado del río, allí está el sendero luminoso que nos llama. Abajo, no arriba. Por dónde hemos venido, no por donde vamos. Oh oh. Oh no. Dime que no. Pero sí. Va a ser que sí. Sí, la hemos pifiado. La hemos liado parda. Hemos subido la montaña equivocada. Olé nuestras narices. Campeones. Los reyes del olfato. ¡La madre que nos matriculó!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SlEivh8rnnI/AAAAAAAACTQ/t_O6JVGRGgY/s320/Mulleres+034.JPG" style="margin: 0px 10px 10px 0px; text-align: justify; float: left; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355099631882313330" border="0" /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Nuestra odisea entra ya en los anales. Todo esto tienen que ser señales para que no subamos, que hoy no es nuestro día: las dificultades para encontrar el día, el grupo menguante, el diluvio universal, la espera de seis de la mañana a nueve para que deje de llover, las cumbres aún borrascosas, la falta de crampones en las tiendas de Barcelona, el olvido de los crampones en el coche, el camino erróneo. No, tanto no puede ser casualidad. Pero oh, la esperanza y la ilusión es lo último que se pierde. Y como Braveheart enalteciendo a sus tropas, decimos que no, que nada está escrito, que vamos a luchar por ¡nuestra libertad! Y con un coraje imperioso, una pulsión juvenil, un ritmo sereno, empezamos la bajada hacia la bifurcación para reemprender el buen camino. Oh, sí, sí, somos los tres mosqueteros, los tres tenores, los tres jinetes del Apocalipsis, el tridente blaugrana, el triplete culé. Somos... Somos... Uhm. Un momento. No. Parece que no. Pronto nos dimos cuenta de que éramos más bien otra tríada: los tres del Tricicle, los tres hermanos Marx –Harpo, Chico y Groucho- (el cuarto nunca contó), o los tres cerditos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Porque al bajar lo que habíamos subido, de repente Jose suelta un “¡Ándele! Cómo me patina el pie derecho, es como si los tacos ya no agarraran”. Y se lo mira. El pie. El pie, no la bota. Y es que se le ha caído la suela de la bota. Se-le-ha-desintegrado-la-bota. Entonces se mira el otro pie. Idem. La otra bota también se ha separado de la suela. Oh no. Houston, Houston, tenemos otro problema. Al unísono sus botas habían dicho no. Juntas, unidas hasta la muerte. Nos encontrábamos en medio de la montaña, un día lluvioso, en una pared resbaladiza, con Jose literalmente sin suelas. Con Jose descalzo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Pero es que ojo que la historia tiene miga. Porque al salir por la mañana, comentando la diferencia entre nuestro atrezzo y el de los montañeros gerundenses (Nacho con tejanos, Jose con las botas que se compró quince años atrás, yo con mi jersei de balonmano), Nacho y Jose explicaron cómo el padre de Jose se metió con Nacho por no tener botas de montaña (Nacho se las tomó prestadas a un amigo), tomando como ejemplo a Jose “mira el Jose, que tiene las suyas desde hace años. Éstas son cosas que se deben tener propias, cosas de una vida, cosas que duran”. Ehem, habló el profeta. Pero para Jeremías, el amigo que prestó a Jose otra parte de su equipo alpino: crampones, cantimploras, mochila… Ya que Jose, por la mañana, también antes de salir, nos comentaba riendo las ocurrencias de su amigo, que le había dicho "ojo Jose con esas botas tan viejas, que aún se te van desintegrar". Ja ja ja, vaya ideas, ¿no? Unas botas de montaña desintegrarse… Sí, sí, que cachondo el amigo. Pero ¡bam!. Va y fue lo que pasó. Se le desintegraron las botas a Jose. Ése si que fue un profeta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SlEiv_Jc--I/AAAAAAAACTY/XTQfrjwJboM/s320/Mulleres+043.JPG" style="margin: 0px 10px 10px 0px; text-align: justify; float: left; cursor: pointer; width: 240px; height: 320px;" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355099639720508386" border="0" /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Así que ya nos véis, a los tres &lt;i&gt;pixapins&lt;/i&gt; tomando el camino de regreso definitivo, hacia abajo, tras una serie consecutiva de eventos que hicieron de nuestra cruzada una misión imposible, vetada desde su concepción, bombardeada en su preparación, ajusticiada en su realización. Pero dejamos el listón bien alto. Can Pixa, Can Fanga, ahora sí que nos harán ciudadanos de honor. Cumplimos con todos los requisitos para tal, confirmado ingenuamente por uno de los &lt;i&gt;gironins&lt;/i&gt; que, al explicarle que habíamos subido la montaña equivocada y enseñarle el resto de botas de Jose (que acabó la bajada en calcetines), nos señala un monticulito de nada, a poca distancia del refugio, nos pregunta en serio “¿allá?”. Hombre, &lt;i&gt;no fotem&lt;/i&gt;, que eso es una protuberancia insignificante, una altura nimia, ¡y tocando el sendero! ¡Hombre de poca fe! El tío de verdad pensaba que no habíamos hecho más que un par de quilómetros… Lo que hay que oír. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Y ésta es la gloriosa historia de nuestra fallida ascensión al Mulleres, un 5 de julio de 2009, jornada posterior al día de la independencia americana. Jose, Nacho y Jorge, hombres de valor, hombres de principios, hombres de objetivos. Pero un día, un día el Tuc será nuestro. Y entonces, con nuestro fogoncito portátil, nos haremos los huevos fritos de recompensa. Huevos fritos en el monte. Porque sí, también nos habíamos llevado un fogoncito de butano, faltaría más: que somos lo que somos, y las cosas, o se hacen bien, o no se hacen.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;***&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;*Ignacio alias el Nacho ascendió el Turó de l'Home a pata coja en el 2019. Cuentan que fue porque seguía con las mismas botas que en el Mulleres, y la derecha ya le empezaba a flaquear.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;*Jose Ignacio alias el Jose coronó el Pedraforca en el 2024, de noche, vestido con el traje tradicional de los pastores del lugar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;*Jorge alias el Jorge subió con crampones el edificio Eismann de Barcelona en el 2031. Cuentan que desde el Mulleres su vida siempre fue una constante búsqueda del hielo en altura.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Los héroes suelen ser recordados por sus hazañas. Sin embargo, en esta ocasión nuestros héroes serán recordados por lo que intentaron, no por lo que consiguieron.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-5158975791278921265?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/5158975791278921265/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=5158975791278921265' title='9 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/5158975791278921265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/5158975791278921265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2009/07/el-tuc-de-mulleres.html' title='El Tuc de Mulleres'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SlIUnUaAT9I/AAAAAAAACUA/WLnmSczZ3jY/s72-c/Mulleres+025.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-5833600857296683511</id><published>2009-06-22T17:44:00.000+02:00</published><updated>2009-06-26T04:19:39.169+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sabina'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fronteras'/><title type='text'>Las últimas fronteras</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/Sj-2isWAVNI/AAAAAAAABuU/KR0iEoEqrDg/s1600-h/tierra.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/Sj-2isWAVNI/AAAAAAAABuU/KR0iEoEqrDg/s320/tierra.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5350195589474702546" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Algunos habréis visto el vídeo que puse hace unos días, en el que se preguntaba a la gente dónde les gustaría despertarse al día siguiente. Yo no di mi respuesta, pero hoy os doy una variación sobre el tema. ¿Cuándo te hubiera gustado vivir? Pues la verdad es que me hubiera gustado nacer antes de la segunda guerra mundial, o quizá antes de la primera. En un tiempo en el que aún no existía la globalización pero en el que sin embargo algunos ciudadanos como Willy Fogg hubieran podido viajar de un país a otro sin necesidad de papeles y permisos. Cierto que entonces muy pocos tendrían la capacidad material necesaria para tal hazaña (a diferencia de ahora, con nuestros vuelos y agenicas de viajes), pero al menos en aquel tiempo no se reducía directamente a las personas con un número identificativo. Pero no es esta facilidad administrativa (que para mí es una seña de humanismo) lo que me interesa de esa época no tan lejana, sino otro detalle: simplemente, que cada pueblo aún guardaba sus características propias, cada civilización guardaba sus tradiciones, su vida, sus tesoros inmateriales. No digo que el desarrollo actual no haya traído beneficios a muchos lugares del planeta, pero hoy en día vivimos en un mundo en el que demasiado a menudo la civilización principal ha desbordado con su sub-sistema (“el consumo de masa”, que por definición mismo inutiliza a la persona, ahogándola en un grupo anónimo para que la suma de sus pequeños gastos pueda suponer un gran balance final para la empresa vendedora), casi como una plaga. Hoy nos hemos multiplicado de forma tal que no hay frontera física, porque nos hemos invadido mutuamente en la realidad del espacio y en la ficción de lo virtual. Ya lo hemos visto todo por la tele, ya no nos supone tanta impresión ver la Torre Eiffel por primera vez, o soñar con las invenciones técnicas para la agricultura o el diseño de muebles que se verían en la Exposición Universal de París o Barcelona a finales del XIX. Por ejemplo, yo de pequeño siempre soñé con Damasco y Bagdad. No tenía ni idea de lo que podía haber allí, pero para mí eran nombres mágicos, ciudades donde mercaderes guardaban sus tesoros, ciudades en medio de desiertos y montañas que albergaban palacios de agua, princesas con zapatillas de tela fina y colores y de suela de cuero, caballos por las calles y camellos en las esquinas. Pero hoy, hoy Bagdad es el Bagdad de las bombas, la ciudad destruida, y reconstruida por empresas occidentales con falsos palacios de plástico y pladur. Los barrios pobres no son casas de barro y cañas, sino chabolas de plásticos y antenas de televisión. La gente está convulsa porque lejos de tener el enemigo que todo pueblo tiene –el vecino-, le cayó el ataque por encima, de no saben quién, sin saber por qué, por unas guerras de oro negro alimentadas por su dictador y bebidas por los occidentales.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Ahora estamos en todos lados, no hay mundos secretos ni reinos perdidos, y las fronteras físicas y culturales han desaparecido a favor de unas fronteras administrativas y de papel. Es un mundo falso, sin rumbo, en el que ya no vale ni el honor de la guerra. Creímos que el desarrollo nos haría mejores, y eso ha sido el problema de todo. El desarrollo nos hace más eficientes, pero no nos hace directamente mejores: mientras que el desarrollo nos facilita la vida sin que nosotros tengamos que aplicarnos en ello, para ser mejor hace falta que cada uno de nosotros se aplique en ello. El desarrollo podría ser un catalizador, pero en todo caso está visto que estos términos no guardan una correlación directa. Hubiéramos tenido que ser humildes y aceptarlo: no hay ningún mal en admitir que no se es perfecto. Al revés, es una virtud, o incluso diría una necesidad, porque ignorar que se hace el mal no es mucho mejor que hacerlo expreso. No, no hay que creérselo, hay que ser más escéptico, hay que pensar más. Se debe ser consciente de lo que se es, e intentar mejorar, pero sobre todo se debe ser consciente de nuestras limitaciones, para no caernos de bruces el día menos pensado, y para no estar limando la vida de otros sin darnos cuenta. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Sí, me hubiera bastado vivir hace cien años, años en los que África aún era feliz sin nuestra intervención, años en los que como en la canción de Sabina, hubiera sido mercader en Damasco, gitanito en Jerez, taxista en Nueva York, pintor en Montparnasse, tabernero en Dublín, mejor tiempo en Le Mans, cazador en la India, marinero en Marsella... o explorador en en Nilo, escriba en Egipto, buda en el Tíbet, cazador en la sabana, Inuit en el polo, buscador de oro en Alaska, Inca en los Andes, Tuareg en el Sáhara, artesano en Florencia, gondolero en Venecia, seminarista en Roma, cowboy en el Oeste, modernista en Barcelona, ninja en Hiroshima, Bruce Lee en la China, pastor en los Alpes, caminante en Santiago, compositor en Viena, agitador en Moscú, gángster en Chicago, pescador de l'Escala, industrial en Terrassa, cineasta en Los Ángeles, National Geographic en Namibia, chamán del Amazonas, estudiante en París…&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-5833600857296683511?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/5833600857296683511/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=5833600857296683511' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/5833600857296683511'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/5833600857296683511'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2009/06/cuando-te-hubiera-gustado-vivir.html' title='Las últimas fronteras'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/Sj-2isWAVNI/AAAAAAAABuU/KR0iEoEqrDg/s72-c/tierra.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-4319742230525109851</id><published>2009-06-09T00:39:00.001+02:00</published><updated>2009-06-09T00:48:34.660+02:00</updated><title type='text'>La palabra, el pensamiento y la creación</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/Si2TLI76x4I/AAAAAAAABuE/wmEv3qYt1qc/s1600-h/pensar.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 259px; height: 279px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/Si2TLI76x4I/AAAAAAAABuE/wmEv3qYt1qc/s320/pensar.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5345090152345290626" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Vi hace poco un reportaje sobre la obra de Stephen Hawking, el físico reconocido por sus estudios sobre el Bing Bang, el origen del Universo, una teoría holística que lo ligue todo y nos diga cómo es que podemos estar aquí, hoy. Pero yo hoy no voy a hablar sobre cosmología ni física, lo que pasa es que al ver ese reportaje me entró mucha curiosidad no sólo el tema en sí, sino también ver a la persona trabajar, pensar. Porque Hawking no puede hablar, no puede moverse apenas … y no pude sino preguntarme sobre lo ligados que están o no el pensamiento y la palabra. Es un tema típico de filosofía, lo sé, se ha tratado mucho sobre ello, y por desgracia no lo he leído. Pero es que al ver a Hawking trabajar, vi claramente en práctica un enigma que en teoría, para mí, sólo existía en nuestras mentes. Me hizo pensar en ello porque se le veía reflexionar, y esa batalla entre pensamiento y palabra que existía en su mente (batalla en su caso entre símbolos y pensamiento, alfas betas y ces al cuadrado), me vino a la cabeza porque había su transposición más grosera con la batalla entre la frase ya formada en la mente de uno y la expresión de esa frase al mundo exterior. De hecho, Hawking pues sólo fue un puente, que me llevó como la madalena a un dilema que recordé entonces.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El problema es fácil, y si nunca os habéis parado a pensarlo, podéis sin problema hacerlo ahora: ¿cuando pensáis, utilizáis palabras, o las palabras son tan sólo el lenguaje que utilizáis para dar a conocer el resultado de vuestros pensamientos? ¿Palabra y pensamiento están unidos, se puede pensar cosas complicadas sin tener esa herramienta virtual que es la palabra? … El otro día, al ver a Hawking en acción, me vi de lleno en el problema, gracias a esa transposicón que se aprecia en su caso, una transposición mucho más visible ya que no ocurre tan sólo en la mente, sino justamente en la salida de la idea fuera de la mente, donde por definición el resultado será visible al resto. Él, ahora, sólo puede comunicarse de forma “binaria”: moviendo un solo músculo de su cara. Nada más. Un solo músculo. Sólo dos mensajes posibles: 1 (movimiento), 0 (no movimiento). A través de un programa de ordenador, desarrolla pues sus frases, pero os podéis imaginar la velocidad. Y es que aparte de la palabra, hay algo bastante esencial para desarrollar el pensamiento: un lápiz y un papel,&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;o algo equivalente. Es muy difícil resolver una ecuación sin escribirla, por muy sencilla que sea la ecuación. Todos los matemáticos, escritores, dibujantes, todos hacen uso del borrador, donde, al ver la idea en un soporte externo, la perciben desde un punto de vista externo, y pueden pues trabajar sobre ella, desarrollarla, probarla, retocarla, añadir, sacar, etc. La herramienta exógena ayuda a adelantar, es como tener un disco de memoria externa para nuestro ordenador, una memoria RAM que nos ayuda a ir más rápido -incluso que nos ayuda a "ir", sin ella no podríamos movernos-. ¿Pasa lo mismo en la mente? ¿Las palabras son nuestra memoria RAM que almacenan conceptos que existen de otra forma? ¿Sólo podemos tener ideas de algo que conocemos, ideas vocalizables, explicables? ¿O una idea puede ser algo que está ahí pero que, como el que en un sueño quiere hablar y no puede, se queda encallada, no sale? ¿Qué es una idea? ¿Son pequeñas descargas eléctricas neuronales, es una cantidad de electrones, es algo con masa o un cuerpo etéreo…?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;¿A quién no le ha pasado eso de tener una palabra en la punta de la lengua, sentirla, saber que está ahí, y sin embargo no poder capturarla? ¿O esa sensación de ver pasar una idea por la mente, como una estrella fugaz, y no poder atraparla: era una frase estructurada, eran símbolos, era una combinación de impulsos eléctricos neuronales? Supongo que la neurociencia se encarga de encontrar y definir esta situación. Es realmente volcánica la actividad que pasa por el cerebro. Freud ya lo adelantó con el subconsciente, toda esa parte existente pero entonces aún latente de nuestra persona. Una vez, tras haber tenido unos cuarenta grados de fiebre, fui incapaz de explicar con palabras lo que me pasó durante mi delirio, mi malestar, mi sudoración. No eran sueños, era un estado que yo no pude explicar con palabras. Era como un caleidoscopio, pero no visto desde fuera, sino que yo era el caleidoscopio… Y no recuerdo, no recuerdo más, porque quizá mi cerebro tan sólo recuerda lo que puede ordenar con palabras… O quizá no, quizá un día esa madalena me recuerde ese estado, como el olor súbito nos recuerda ese día del verano del 64… &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Pero eso son estados pasivos, cosas que nos suceden, no cosas que realizamos. Pero pasa lo mismo con lo reflexivo. ¿Qué es pensar? ¿Cómo se pasa del momento cero al momento en que pam, aparece el inicio de una idea? ¿Es una transición? ¿Es una resolución de ecuaciones con hipótesis que tenemos almacenadas en el cerebro? ¿Pero y la primera idea, cómo nace, cómo sale de la nada? Al ver pensar a Stephen Hawking sobre el inicio del Universo, yo no podía sino pensar en el inicio de su pensamiento. ¿Qué le pasa por la cabeza? ¿Una imagen de estrellas y galaxias explotando o una ecuación? ¿Algo concreto o algo abstracto? &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;Me quedé pues meditando un buen rato, perplejo de lo que acababa de ver. No sé, no sé qué es lo que pasa. Como en la película “2001 Odisea en el Espacio”. Una película que retrata perfectamente la diferencia entre evolución y revolución, en esa escena del principio, cuando el simio coge el hueso y con él rompe los cráneos secos. Se ha dado cuenta de lo que ha hecho: una ruptura con la historia. Desde allí ya nada será igual. Y lo ilustra Kubrick en ese plano en que el simio tira el hueso al aire… y la siguiente escena es la nave espacial flotando en el espacio, girando lentamente como giraba el hueso en el aire. Entre coger el hueso con la mano para utilizarlo de herramienta, y volar en el espacio, no hay ningún dilema: es una simple evolución. El verdadero dilema está en el inicio, cuando coge y utiliza el hueso como herramienta, en el momento creativo, no en el momento evolutivo. ¿Qué le pasó por la cabeza para hacer algo que nunca antes se hizo? Eso mismo me pregunto yo: ¿qué pasa por nuestra cabeza que podamos hacer tantas cosas desde cero? ¿Qué está ocurriendo en mi cabeza ahora mismo? &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-4319742230525109851?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/4319742230525109851/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=4319742230525109851' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/4319742230525109851'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/4319742230525109851'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2009/06/la-palabra-el-pensamiento-y-la-creacion.html' title='La palabra, el pensamiento y la creación'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/Si2TLI76x4I/AAAAAAAABuE/wmEv3qYt1qc/s72-c/pensar.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-271915045845253840</id><published>2009-06-06T05:44:00.002+02:00</published><updated>2009-07-22T12:15:51.995+02:00</updated><title type='text'>La pequeña historia del coche eléctrico</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SinmxSSAsVI/AAAAAAAABt8/GbunlnajqlY/s1600-h/volvo-recharge.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SinmxSSAsVI/AAAAAAAABt8/GbunlnajqlY/s320/volvo-recharge.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5344056167247163730" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align:center"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;“Y de repente, con el siglo XXI apareció el coche eléctrico”. Así podría empezar este texto, pero nos estaríamos alejando de la verdad. Porque no ocurrió de esta manera: el coche eléctrico es una realidad que siempre ha estado ahí, desde el inicio de los tiempos modernos. Uno creería que estos vehículos han invadido el panorama mundial en tan sólo un año, cuando de hecho el vehículo eléctrico no es para nada una invención reciente. A principios del siglo XX se conducían más coches eléctricos que vehículos de gasolina, pero la autonomía limitada de las baterías frente al desarrollo incesante del motor de explosión decantó la balanza hacia esta última tecnología. Sobre todo porque la gasolina era una materia barata, y en su día mucho más controlada por empresas occidentales. Pasaron los años, y el coche eléctrico siguió estando ahí, aunque cada vez sus líneas eran menos convencionales, su presencia más escasa, y se le relegó al estatus de “prototipo del futuro”. Presente, eso sí, en cada Salón del Automóvil. Hacia finales del siglo XX reaparecieron iniciativas mucho más reales, como el caso del vehículo de General Motors EV1, sobre el que trata la película ganadora en el festival de Sundance “¿Quién mató al coche eléctrico?”. Y casi sin darnos cuenta, sin prestarle demasiada atención, nos dimos cuenta un día de que ya no nos extrañaba oír hablar de coches híbridos, de que pequeños coches eléctricos circulaban en lugares concretos haciendo publicidad para tal marca, o de que los autobuses urbanos circulaban con energías alternativas. El cambio ya estaba aquí: ¿Qué es lo que pasó, que no nos dimos cuenta?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;Pero esto lo veremos de aquí a un rato. No abandonemos ahora la candente actualidad e intentemos ver cómo, de repente, tras algunos años de coexistencia silenciosa, nos dimos cuenta de que algo estaba pasando. La gracia de la situación es que, de hecho, no nos dimos cuenta de que la industria del automóvil ya venía preparando desde hacía tiempo soluciones eléctricas. Lo que pasó es que de repente nos dimos cuenta que queríamos un coche que consumiera mucha menos gasolina. Que no consumiera nada. Y entonces hicimos memoria: ¿Oye, no se había hablado hace algún tiempo de los coches eléctricos…? El despertar para el consumidor fue en verano de 2008: simplemente cuando el precio del crudo sobrepasó los 140 dólares por barril (ahora está en unos 50). Y bien decimos aquí “consumidor” y no “ciudadano”, ya que son dos identidades bien distintas que llevamos cada uno de nosotros en nuestro interior: somos uno, pero pensamos de dos maneras en función de la situación. Como ciudadanos y soñadores, intentamos velar por el bien común de nuestra sociedad, y en más de una ocasión habremos soñado con bólidos de este tipo, con energías renovables, con transporte público para todos y paz en el mundo. Como consumidores, comparamos los puntos fuertes de cada oferta con nuestro bolsillo individual antes de nominar al elegido: por desgracia, las limitaciones del vehículo eléctrico eran demasiado fuertes como para hacer caso omiso de ellas. Sobre todo a dos niveles: autonomía (kilómetros que se pueden recorrer) y precio. Como indica un estudio del RACC, si bien es cierto que entre dos vehículos parecidos estamos abiertos a escoger al más verde, bajo ningún concepto estaremos dispuestos a pagar más por ello. Y es que en este caso lo verde no es un atributo del que disfrutemos directamente: es un atributo “social”, que hace disfrutar a todos tanto como a mí, pero que además necesita que el resto de personas haga lo mismo para que se note, al final, cierto impacto global y de ahí individual. A diferencia del GPS de serie, del que se beneficia directamente el comprador del coche. Así pues, el detonante económico surgió con el precio de la gasolina por las nubes, que hizo que el coche eléctrico fuera una opción doblemente positiva: económica y respetuosa con el medio ambiente. El consumidor estaría dispuesto a pagar algo más por un vehículo eléctrico, porque recuperaría dicha inversión en el menor consumo de energía. Conducir 100km con un coche de combustión interna cuesta de media 6,60€ en gasolina. La misma distancia con un coche eléctrico cuesta 1,50€ en electricidad. O lo que es lo mismo, tras una vida útil media de 150.000km, se ahorran unos 7.650€.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;Y eso ya empiezan a ser palabras mayores. Cuando se trataba “tan sólo” de salvar al planeta, no era suficiente. Igual que en el supermercado, no todo es la calidad: también hay que ver el precio. Pero veamos entonces esas cualidades ecológicas que hicieron del coche eléctrico como una apuesta de futuro cada vez más viable. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;La conciencia verde se desarrolló fuertemente a finales del siglo XX - principios del siglo XXI, coincidiendo con una etapa de bonanza y crecimiento que nos permitía descentrar la mirada del imperativo puramente económico para adentrarnos más en otros aspectos de la vida. Fue la época del shock del efecto invernadero, el agujero de la capa de Ozono, los acuerdos de Kyoto, la eclosión de gigantes industriales con un potencial inaudito como China o India, el constante aumento de población en la Tierra y los riesgos medioambientales que todo ello suponía. La democratización de esta conciencia ecológica influyó pues en la idea de realizar coches más ecológicos: que no contaminen, que no consuman. El coche eléctrico cuajaba de lleno en esta visión. Sin embargo, seamos críticos y señalemos que el coche eléctrico es tan sólo el catalizador perfecto que favorece que la emisión final de CO2 sea casi nula tras un trayecto en él, pero el vehículo eléctrico en sí no es la panacea universal. Sí, el coche eléctrico no consume gasolina y no tiene motor de combustión que contamine: eso es ya un punto enorme, pero hace falta ver cómo se ha creado la energía eléctrica que consume. La pelota pasa pues del lado de las compañías energéticas, que deben entonces generar esa electricidad de forma limpia (energías renovables como la eólica y demás) y no con plantas térmicas de fuel o carbón. Si la electricidad que utiliza el coche eléctrico le viene de una central de fuel, las emisiones de CO2 existen igual, sólo que no las vemos. Pero para ser igualmente justos en nuestro análisis, no concluyamos que se trata de un hipócrita “ojos que no ven, corazón que no siente”. Ya que por un lado es mejor que las emisiones se concentren en plantas energéticas alejadas de núcleos urbanos, que emitidas por los vehículos en el aire de las ciudades que respira la mayor parte de la población (este argumento es indiferente para el problema del efecto invernadero, pero no para la salud pública en lo inmediato). Y por el otro, es también más fácil tratar las emisiones tóxicas si éstas se encuentran centralizadas que si son diseminadas por miles de vehículos. En fin, la puerta para un futuro más verde quedaba abierta gracias al vehículo eléctrico, sin embargo hacía falta un estímulo más fuerte para acelerar la reacción. Y hay que señalar que las eléctricas recogieron el guante, y eso no tan sólo a causa del coche eléctrico. Las energías renovables suben con fuerza: España es por ejemplo el tercer productor de energía eólica en el mundo, tan sólo detrás de Estados Unidos y Alemania. Y la aventura continúa: en noviembre de 2008, en el punto álgido de una tormenta, el 40% de la energía del país fue producida por el viento.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;Así, tenemos ahora de nuestro lado el factor calidad y el factor precio. Y es que a pesar de que hoy en día se ha difuminado un poco el efecto de la subida de precio de la gasolina, la herida sigue ahí. Porque nadie duda de que si los precios de la gasolina han vuelto a una normalidad aparente… es porque esta normalidad aparente se llama “recesión”. Tan pronto se deje atrás la crisis, la rueda de la economía se pondrá en marcha de nuevo, y con ella se activará la demanda, la actividad industrial, la necesidad de materias primas. Y el precio de la gasolina volverá a subir. Y en esos niveles se quedará. La industria del automóvil, algunas marcas más que otras, se puso pues manos a la obra anticipándose a los hechos. No olvidemos tampoco que una crisis profunda es también una ocasión para poner en duda dogmas que parecían intocables y favorecer así el nacimiento de nuevas propuestas. De este modo, si la respuesta del mundo del automóvil ha sido tan veloz, es porque también lo viven como un tren al que subirse para salvarse de la quema. Estas nuevas propuestas nacieron sobre todo con el Toyota Prius, que saltó a la palestra hace más de diez años (en 1997) como una apuesta revolucionaria del primer fabricante mundial. Sin ser un coche de lujo, fue un coche selecto, pero su éxito es latente con más de un millón de unidades vendidas a día de hoy. Hoy no sólo es el líder en el sector de híbridos, sino que además es uno de los mejores coches del mercado. Esta primera apuesta por la hibridación (combinar un motor de explosión “de toda la vida” con un motor eléctrico) era la primera apuesta por la electrificación del vehículo. Poner dos motores en un coche (uno que se alimenta de gasolina, el otro de electricidad) creaba ciertamente algunas complicaciones, pero fue la solución creada vista la imposibilidad de alcanzar suficientes kilómetros con tan sólo un motor eléctrico y sus baterías. La eficiencia del vehículo híbrido venía del hecho que el motor eléctrico es capaz de recuperar la energía del automóvil, en momentos de deceleración sobre todo: energía que anteriormente se perdía. Un sistema que desde este año se aplica en los monoplazas de Fórmula1, con el famoso KERS (Kinetic Energy Recovery System – Sistema de Recuperación de Energía Cinética). El motor de explosión sólo nunca hubiera podido recuperar esa energía: el motor eléctrico acababa de encontrar su lugar. Se trataba ahora de acabar la obra e intentar ganar prestaciones en autonomía para que el motor de explosión fuera totalmente prescindible. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;Y es ahí donde entraron en juego las sinergias entre diferentes industrias. Y es que si las baterías se enchufaron, fue porque hacía tiempo que habían puesto las pilas. Si durante todo el siglo XX no hubo apenas industrias que hicieran prosperar el sector de las baterías, a finales del mismo surgió un nuevo sueño para el hombre. El sueño de la movilidad. El sueño del teléfono móvil. Y del ordenador portátil. El caso del teléfono es revelador, porque, de forma similar a lo que ocurre con el automóvil, no sueles necesitar el teléfono si ya estás con quien deseas, sino que lo usas justamente cuando estás lejos, cuando estás perdido, cuando no estás en casa. En ese lugar no hay enchufes ni cable. Se tenía pues que depender de la propia energía de la batería. ¿Quién no recuerda hoy los zapatones que se enganchaban en la oreja los primeros ejecutivos con teléfono portátil? Aquella batería vetusta y enorme ha dado paso hoy en día a una batería con mucha más capacidad en un espacio mucho menor. Son las mismas baterías de ion-litio que hoy se utilizan en el mundo del vehículo eléctrico. Y es éste el campo que más investigación y desarrollo está suscitando, con el objetivo de llevar los coches eléctricos actuales más allá de los 160 km en una sola carga – a un precio razonable. Sí, siempre existen las excepciones, coches “enchufables” como el Tesla que van mucho más allá, pero de lo que se trata ahora es de pasar de la exclusividad y el prototipo a la alternativa real. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;Y es aquí dónde nos encontramos hoy en día. Lo de la revolución híbrida ya es más una realidad que una ficción: al éxito del Toyota Prius se le acaba de sumar el Honda Insight, que además se auto-declara “el híbrido para todos” al tener un precio algo inferior a 19.000 dólares. Un precio más que correcto para un coche de grandes prestaciones. Ford y General Motors ultiman también sus nuevos híbridos, así como Mercedes o incluso Seat, con el León Twin Drive Ecomotive cuyos prototipos se están desarrollando en la planta barcelonesa de Martorell. Y BMW, y Volvo, y Volkswagen… no hay fabricante que no esté pensando en sacar un modelo de consumo reducido con tecnología eléctrica en su interior. Además, la situación política también ayuda: ya sea a causa de la crisis o por políticas de largo plazo, muchos gobiernos están sacando adelante textos de ayuda al automóvil verde que son más que un simple impulso para la electrificación del parque móvil. Por ejemplo, en Estados Unidos se ofrece una ayuda directa de 7.500 dólares por comprar un coche eléctrico o híbrido. En el Reino Unido ofrecen una cifra similar, en libras. Y ahora el plan Movele en España también se suma a las ayudas a la adquisición. Pero no es sólo la incentivación para los que se sumen a la fiesta, sino que se realizan leyes constrictivas para reducir de forma obligatoria las emisiones de CO2 y gases tóxicos y obligar a todo el mundo a cumplir unos mínimos que, desde mayo del 2009, son infinitamente más estrictos que los que había en el pasado: la eficiencia de los vehículos deberá ser un 40% mayor ya en 2016 (con la misma cantidad de combustible, se deberá poder recorrer un 40% más de kilómetros). &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;Todo indica pues que el cambio ya está aquí. Y no sólo el cambio evolutivo que suponen los híbridos, sino la verdadera revolución que suponen los vehículos puramente eléctricos. Es el caso de Mitsubishi iMiev, del Nissan EV, de la compañía Tesla Motors con su Roadster y su Model S, de los Think o los Bluecar (una apuesta común del diseñador italiano Pininfarina con el industrial francés Bolloré). Estos vehículos suponen un gran adelanto frente a los pequeños coches eléctricos que ya existían, pero que difícilmente podían competir en el mismo mercado que los turismos destinados al consumidor base. Los coches eléctricos que circulaban hasta ahora solían ser pequeños modelos, de prestaciones muy limitadas, con un público objetico muy limitado (personas realmente dispuestas a sacrificar mucho por su ideal ecológico). Ahora, hasta los amantes de los coches se pueden comprar un bólido, que, encima, es eléctrico. Y los ingenieros del mundo del automóvil saben que si se saca el motor de explosión, no se saca tan sólo la gasolina, sino el aceite, los filtros, los catalizadores, hasta incluso el cambio de marchas o el diferencial… todo para crear un automóvil completamente nuevo. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;Serán seguramente los híbridos los primeros en afianzarse en el mercado, por no carecer ellos del problema de autonomía y porque, a su vez, al aparecer las nuevas versiones “plug-in” (“enchufables”) de los mismos, serán un catalizador para la creación de una red de recarga de vehículos eléctricos, una condición necesaria para los vehículos puramente eléctricos como lo son las gasolineras para el motor de explosión. Es por eso que hoy en día ya se están empezando a ver muchas iniciativas en lo relativo a la construcción de infraestructura de recarga. Éste es un ámbito en el que el papel del sector público adquiere mucha más importancia. Si bien es cierto que, por un lado, los proveedores de dichas estaciones de recarga serán de iniciativa privada (y así lo certifican las diversas empresas que ya están presentando proyectos y asomando la nariz), la localización de éstas será en primer lugar en suelo público. Porque, a diferencia de las gasolineras, se deberá dejar el automóvil cargando durante un buen rato. Es decir, se deberá dejar el automóvil aparcado. Otra soluciones son obviamente los parkings privados, de centros comerciales, de supermercados, de estadios, etc. Y todo eso sin mencionar que los primeros usuarios de vehículos puramente eléctricos serán los entes públicos y las personas con alto poder adquisitivo. Los entes públicos como municipalidades y alcaldías ya que el ayuntamiento que invierte en una infraestructura de coches eléctricos y en la adquisición de éstos, está invirtiendo en salud y bienestar de sus ciudadanos, así como impulsando nuevos sectores económicos de crecimiento. En cuanto al consumidor, un ciudadano con una renta media-baja no adquirirá hoy un vehículo eléctrico ya que apostará más bien por un vehículo que cubra todas las posibilidades de viaje. En cambio, el consumidor que goce de una mejor situación económica podrá permitirse el ir a trabajar con un gadget eléctrico de última generación, ya que además lo recargará simplemente enchufándolo en su propio garaje (no le preocupa pues el tema de la infraestructura de recarga, ya que tiene su enchufe en casa y no realiza a diario más de 160km). Se lo puede permitir a nivel económico debido a su poder adquisitivo, y a nivel cualitativo porque para la escapada de fin de semana siempre tendrá su híbrido de grandes prestaciones esperando en el garaje. Cierto, es una lástima que no todos los individuos se sitúen en la misma línea de salida, pero no es una característica de los coches eléctricos sino de cualquier tecnología: la adquiere el que se la puede permitir o el que realmente la desea o necesita. Fue el caso de la televisión, del ordenador personal, de los móviles, de los portátiles… Deberá pasar un tiempo, que permita las economías de escala, la reducción del precio, el aumento de las prestaciones, para que el público en general pueda permitirse tal vehículo. Sin embargo, la buena noticia es que el aire no discrimina: pobres y ricos, peatones o automovilistas, todos se beneficiarán de la reducción de emisiones tóxicas y de CO2. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;Así, ya hay muchas ciudades que han apostado por ellos, allanando el terreno para que en el futuro cualquier persona pueda circular en vehículos que tan sólo consuman energía eléctrica. El punto fuerte de las ciudades es, además, que muy a menudo poseen una flota de vehículos “cautiva”. Es decir, que no se van de la ciudad: el problema de la autonomía no lo es tanto para dichas flotas. Son los coches de la limpieza, de la compañía de aguas, de mantenimiento, de transporte urbano, etc. No se trata pues tan sólo de vehículos turismo, sino que también de autobuses, de camiones y camionetas. Barcelona estrenará en noviembre 72 vehículos eléctricos para su flota de la limpieza: estos vehículos reposan durante el día, cargándose en las estaciones de reciente creación, y salen a recoger la basura y limpiar las calles por la noche, cuando el resto del parque automovilístico de la ciudad reposa. La Guardia Urbana de la misma ciudad ya adquirió hace poco dos automóviles híbridos. Estas acciones municipales, así como las acciones legislativas de gobiernos centrales, son impulsos necesarios para pasar de la acción individualista del consumidor a la mentalidad colectiva del ciudadano. Como decía, las dos formas de obrar pertenecen a la misma persona, y las dos son totalmente legítimas. Pero para sacrificarse como ciudadano por el bien de todos, hace falta primero tener un cierto bienestar individual. Así, el individuo que se quiere comprar un coche para circular por la ciudad, si sabe que el ayuntamiento está colocando estaciones de recarga de vehículos eléctricos, se planteará con más facilidad la opción de adquirir un coche eléctrico en vez de un vehículo de combustión interna. El hecho de que el representante de la voluntad colectiva (gobierno, municipio, alcaldía) actúe con las herramientas que el individuo le dio en su día (voto de confianza e impuestos) para favorecer acciones costosas a corto plazo que pocos individuos realizarían, es la culminación del contrato social que ambas partes tácitamente firmaron. Los coches eléctricos tienen listas sus últimas versiones, las estaciones de recarga ya tienen la tecnología a punto, las energéticas están produciendo energía limpia: ahora sólo falta combinar estos elementos en la carretera para que se creen más sinergias y el viaje pueda ser largo y placentero. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-271915045845253840?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/271915045845253840/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=271915045845253840' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/271915045845253840'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/271915045845253840'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2009/06/la-pequena-historia-del-coche-electrico.html' title='La pequeña historia del coche eléctrico'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SinmxSSAsVI/AAAAAAAABt8/GbunlnajqlY/s72-c/volvo-recharge.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-2859057672058907700</id><published>2009-05-19T22:33:00.000+02:00</published><updated>2009-05-21T15:27:02.475+02:00</updated><title type='text'>¿Dónde te gustaría despertar mañana?</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;I found this video on the web. It's great. I put some comments after it... but I think you should see the video before. Also, if you like this one, go to their site on Vimeo (click &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;&lt;a href="http://vimeo.com/askyourself"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;here&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;) and see the others (London, New Orleans...). It's fantastic. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:arial;"&gt;Where would you like to wake up tomorrow?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;object width="400" height="300"&gt;&lt;param name="allowfullscreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;param name="movie" value="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2540216&amp;amp;server=vimeo.com&amp;amp;show_title=1&amp;amp;show_byline=1&amp;amp;show_portrait=1&amp;amp;color=&amp;amp;fullscreen=1"&gt;&lt;embed src="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2540216&amp;amp;server=vimeo.com&amp;amp;show_title=1&amp;amp;show_byline=1&amp;amp;show_portrait=1&amp;amp;color=&amp;amp;fullscreen=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" allowscriptaccess="always" width="400" height="300"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;It's so nice to see people's answers. What is amazing is the capacity of taking the question to your own dreams... Some persons simply answer "my bed", because it's true, it's home, it's safe, and it's a very good answer. Some others answer a place in the world, a place they have seen in films, a place they want to discover. Others relate it to a person, the room of my boyfriend, the house of my partner, the place does not matter, it's the people you are with. And some others travel in time, simply thinking out the box, what a nice state of mind: a place they create themselves (drawers you open and surprises come up from there), the best place possible (Paradise). Or again, a place with someone, with your dead father, that died in Queens because he was shot. Oh, what a video, what a story. A travel to people's mind. Absolutely great. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-2859057672058907700?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/2859057672058907700/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=2859057672058907700' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/2859057672058907700'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/2859057672058907700'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2009/05/fifty-people-one-question-brooklyn-from.html' title='¿Dónde te gustaría despertar mañana?'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-3785243119737425375</id><published>2009-05-18T20:01:00.000+02:00</published><updated>2009-06-09T00:59:15.144+02:00</updated><title type='text'>La realidad y la ficción (2)</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/ShGrjImN-JI/AAAAAAAABtM/jZR-k5DCDXI/s1600-h/1.+Oliver+Benji+BCN1.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; 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margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 152px; height: 200px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/ShGri0nXGSI/AAAAAAAABtE/1VOEktsa2zU/s200/5.+Eric+Castel+BCN1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5337235648138385698" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/ShGriy9SlmI/AAAAAAAABs8/sx_zbJfLubU/s1600-h/7.+Batman+BCN.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 143px; height: 200px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/ShGriy9SlmI/AAAAAAAABs8/sx_zbJfLubU/s200/7.+Batman+BCN.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5337235647693493858" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/ShGrit8zE_I/AAAAAAAABs0/qEQxjKw8dZU/s1600-h/9.+Mortadelo+BCN92.jpg"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/ShGricalF0I/AAAAAAAABss/wFgGtCauvao/s1600-h/10.+Notre+Dame.jpg"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:x-small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:arial;"&gt;Hace un año, un domingo, salí a pasear por Barcelona. Tras un rato deambulando, me senté en las escaleras del MNAC: se está bastante tranquilo, sin coches, con el aire un poco más puro de Montjuïc, además hay una buena vista de la ciudad. Y entonces aparecieron por allí, sin hacer demasiado ruido, Woody Allen y su equipo. Rodaron una escena de la película Vicky Cristina Barcelona, y siguieron su camino. Meses después reconocí la escena, sentado en el cine, en la que Rebecca Hall charla con no recuerdo quién, mientras bajan las escaleras de piedra, con vistas a la avenida María Cristina y sus fuentes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;La película me dejó indiferente, nada que ver para mí con la divertida Auberge Espagnole, donde en vez de enseñarnos escenarios de lujo como esta escalinata bajo la luz dorada del atardecer, en vez de mostrarnos estereotipos como el artista creativo que conduce un descapotable rojo a lo &lt;/span&gt;James Dean y vive en una mansión de ensueño (pese a su padre ser poeta), se nos presentan unos jóvenes locos de vivir, las pintadas del Raval, el timbre que no funciona y la ropa tendida al sol. Vicky Cristina Barcelona es una postal, l’Auberge espagnole una atmósfera. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Y sin embargo, sigo pensando que sí, que hay postales artísticas, en la que sólo cuenta la asociación, que dan mucho más de sí. Quizá porque se asemejan más a lo imposible, a lo ideal. No sé si es algo propio mío, pero hay imágenes que me ponen la piel de gallina. No es lo mismo ver Barcelona con Vicky o Cristina… que verla con Batman, por ejemplo. Con el cómic, el dibujo, no la adaptación hollywoodiense. Sé que hay gente que se echará las manos a la cabeza con tal mezcla, mucho tiene que ver con que no tenemos mucha cultura del cómic, y lo percibimos como algo infantil. Sin embargo, en Francia o Bélgica, las viñetas circulan por todas las esferas, incluídas las más intelectuales. He visto a catedráticos de la Sorbona charlar sobre bandes dessinées. A mí me pasa eso, me fascina el poder eterno que tiene un dibujo, una instantánea. Me gusta ver dibujado lo que es real, del mismo modo que me gusta que la catedral de Gaudí imite formas naturales.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Ver un par de turistas en Barcelona es algo normal. Pero ver a Batman en Barcelona, eso es increíble. Ver al Manchester United en nuestras calles es prometedor, pero ver a Oliver Aton fichar por el Barça, eso es ya un sueño hecho realidad. Al menos para los que somos de la generación de los ochenta: los que nacieron un pelín antes aún disfrutan con Eric Castel vistiendo la misma camiseta. O Mortadelo y Filemón compitiendo en las olimpiadas. Supongo que es ese proceso de identificación que nos hace sentir a gusto, un sentimiento de pertenencia, de compartir algo en nuestra vida. Ellos son los héroes, y si en vez de ser ficticios –de Gotham- son de un lugar cercano, la pasión crece. Como la casa de Julieta en Verona, donde día tras día se reúnen los turistas y observan esa hiedra que sube hasta el balcón. Y dónde yo también me hice la foto. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-3785243119737425375?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/3785243119737425375/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=3785243119737425375' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/3785243119737425375'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/3785243119737425375'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2009/05/realidad-y-ficcion-2.html' title='La realidad y la ficción (2)'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/ShGrjImN-JI/AAAAAAAABtM/jZR-k5DCDXI/s72-c/1.+Oliver+Benji+BCN1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-943706682857604441</id><published>2009-05-17T23:58:00.000+02:00</published><updated>2009-05-19T15:01:56.027+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sin noticias de Gurb'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Eduardo Mendoza'/><title type='text'>La realidad y la ficción (1)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/ShFafGwk2tI/AAAAAAAABok/Pn1NZCOOE9o/s1600-h/2008-11-19+Barcelona+041.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/ShFafGwk2tI/AAAAAAAABok/Pn1NZCOOE9o/s320/2008-11-19+Barcelona+041.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5337146523847547602" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"   style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-TRAD;mso-fareast-language: ES;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:&amp;quot;;font-size:11.0pt;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style=" ;font-family:arial;font-size:13px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="  ;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="  ;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Fue un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;shock&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; inmediato cuando, al volver a Barcelona tras un tiempo en el extranjero, me di cuenta de que la ciudad acaba de haber dado un salto al futuro. No, un salto al pasado. No, un regreso al futuro. No, un salto a la ficción. Bueno, no sé el qué. Pero lo que sí sé es que estaba presenciando lo que años atrás se había escrito en un libro de ciencia ficción. Bueno, en un libro cómico. Bueno, en un libro, vaya. Y sólo pude pensar en la cara que debió poner Eduardo, sentado delante de su café con leche, una mañana cualquiera, con El País encima de la mesa, al leer esa noticia. Oh, no, no era ninguna noticia bomba, nada sobredimensional. Pero ese anuncio de que la ciudad iba a incorporar una flota de bicicletas rojas para bajar de Sant Gervasi al Moll de la Fusta era lo más. Era eso que él había ideado como &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;solución&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;idealística&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; pero fantasiosa, y ahora se estaba haciendo realidad delante de sus propias narices. Nosotros que pensábamos que los de la nevada del 62 serían para siempre los únicos en poder bajar Balmes deslizándose sin motor por la calzada, vimos que de aquel momento en adelante, la profecía del extraterrestre en busca de Gurb se hacía realidad. El autor todavía se debe estar riendo, y yo creo que debe estar feliz. Ay, que bueno debe sentar eso de ser un visionario. Sobre todo en clave de humor. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="  font-style: italic; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;"&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Quizá la gente haría más uso de la bicicleta si la ciudad fuera más llana, pero esto tiene mal arreglo, porque ya está casi toda edificada. Otra solución sería que el Ayuntamiento pusiera bicicletas a disposición de los transeúntes en la parte alta de la ciudad, con la cuales éstos podrían ira al centro muy deprisa y casi sin pedalear. Una vez en el centro, el propio Ayuntamiento (o, en su lugar, una empresa concesionaria) se encargaría de meter las &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;bicis&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; en camiones y volverlas a llevar a la parte alta. Este sistema resultaría relativamente barato. A lo sumo, habría que colocar una red o colchoneta en la parte baja de la ciudad para impedir que los menos expertos o los más alocados se cayeran al mar una vez efectuado el trayecto descendente. Quedaría pendiente, claro está, la forma en que la gente que hubiera bajado al centro en bicicleta volviera a la parte alta, pero esto no es cosa que deba preocupar al Ayuntamiento, porque no es función de esta institución (ni de ninguna otra) coartar la iniciativa de los ciudadanos."&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style=" ;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;"Sin noticias de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Gurb&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;" &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style=" ;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;(día 17, 18h00). Eduardo &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Mendoza&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;, 1990.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-size:13px;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-943706682857604441?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/943706682857604441/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=943706682857604441' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/943706682857604441'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/943706682857604441'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2009/05/fue-un-shock-inmediato-cuando-al-volver.html' title='La realidad y la ficción (1)'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/ShFafGwk2tI/AAAAAAAABok/Pn1NZCOOE9o/s72-c/2008-11-19+Barcelona+041.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-1423630565041449805</id><published>2009-03-11T19:21:00.001+01:00</published><updated>2010-01-17T23:18:37.457+01:00</updated><title type='text'>El sencillo sabor del agua</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SbgDv9ceYaI/AAAAAAAABlc/2Z5AmyYl7s4/s1600-h/glass_of_water.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311999882966229410" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 219px; CURSOR: hand; HEIGHT: 297px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SbgDv9ceYaI/AAAAAAAABlc/2Z5AmyYl7s4/s320/glass_of_water.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Hace poco pasaron por televisión un pequeño reportaje que me hizo mucha gracia. Se trataba más bien de un inciso en un programa de actualidad, unos minutos en que la reportera nos iba a enseñar cómo vive Rufo. Porque Rufo tiene una historia: no es un hombre normal que vive en un piso de alquiler: Rufo es un hombre que vive en una rotonda, establecido con su cabaña en medio de la carretera.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD"&gt;Pero la rotonda de Rufo no es esas pequeñas, sino más bien uno de esos espacios muertos que quedan entre los cruces y salidas de autopistas. De hecho, yo no creo que a aquello se le pueda llamar rotonda, pero en fin, es así como le llamaban en el programa. Queda bien decir que el hombre vive en una rotonda, es un buen titular. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD"&gt;Resulta pues que la reportera lo va a visitar, con las cámaras como testigo. Y muy cortésmente le trae una barra de pan del día, un poco de jamón serrano (envasado al vacío), y el periódico. Tengo que decir que a pesar de lo muy sensacionalista que suena todo esto, la reportera era muy simpática y no se pasó demasiado de la raya. Además, resultó que Rufo era una persona realmente inteligente, que viviendo en su cabaña, con su tranquilidad y saber vivir, estaba alegre, muy bien aseado, muy vivo: no se iba a dejar hacer. Su cabaña de hecho era una verdadera casita de madera, con sus anexos, y con un jardín inmenso, verde, con árboles y todo. Y Rufo le enseñaba la casa. El huerto. La cocina. El recibidor. Todo limpio, ordenado. Y la despensa. Vaya despensa. Resulta que Rufo tenía en ella una cantidad de comida como las de antes: morcillas colgando, chorizos, el rincón de los quesos, el rincón de las bollerías, etc. Todo un festín, y todo casero. Imaginad pues la cara de la reportera, sosteniendo en su mano su regalo de doscientos gramos de jamón serrano envasado al vacío… La reportera que quería ayudar a un hombre pobre... La reportera que se pensaba que Rufo estaría en una situación total de desamparo, ya que para tener que comer lo que él propio se cultivaba, suponía que Rufo debía estar en una situación económica bien mala... La reportera que venía del mundo desarrollado y que le iba a salvar de la miseria con esa comida con certificado del ministerio de sanidad que le traía. Entendió de sopetón que sencillez no significa pobreza, que renunciar a algunas cosas de este mundo no significa ser un desgraciado, que se puede tener la fuerza de apartarse del modo de vida actual y seguir siendo un ser humano. Y la respuesta de Rufo, tan sencilla y a la vez abrumadora: “¡cómo no voy a tener chorizos, si acabo de matar al cerdo!” Ay, si resulta que para tener la despensa como antaño, no hace falta más que cuidar un bicho, que no cuesta nada. Ay, que higiénica y antiséptica parecía ella, con su jamón en láminas, envuelto en plástico transparente. Qué limpio, qué organizado, qué industrial. Pero qué ojos de gata al ver aquellos embutidos frescos colgando de la despensa, aquella comida casera, aquellos alimentos de su propio huerto…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD"&gt;Ay, ojalá existiera más gente como Rufo. Y ojalá esa reportera se dedique a hacer temas con una intención menos exhibicionista y más cultural, ya que era muy amable, divertida, y sobre todo, supo reírse de si misma. Cuando Rufo le respondió que no quería hablar de su familia, ella no hurgó en la herida, y cambió de tema, por mucho de que eso le hubiera –seguro- hecho ganar más audiencia. Esa era la historia de Rufo, la que le llevó a la exclusión de la rotonda, la que el morbo del telespectador hubiera querido, pero él no dejó que entraran en su vida personal, y ella no insistió, seguro que desobedeciendo órdenes superiores. Pero, sobre todo, Rufo era demasiado inteligente para picar en el anzuelo: entrad en mi casa, adelante, eso sí, pero no en mi vida personal. Hay una diferencia. Y la reportera reconoció que estaba metiendo un poco la pata, que el tal Rufo no era un pelele, que hay cosas que valen la pena. Y se despidieron con dos besos, los mismos con que se recibieron. Y Rufo, tan sencillo, le dijo que le gustaba su olor. Qué maravilla de hombre, que no tiene reparos en decirle algo sencillo a una mujer, porque es algo simple, real, sin intentar ir más allá que la simple amistad y cortesía. Qué maravilla pensar que hay gente que aún sabe encontrar el gusto en un simple vaso de agua. Y qué lástima que se tengan que ir a vivir en medio de rotondas, qué lástima que sea porque escondan una historia triste detrás, que lástima que acaben siendo material de curiosidades. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-1423630565041449805?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/1423630565041449805/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=1423630565041449805' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/1423630565041449805'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/1423630565041449805'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2009/03/el-sencillo-sabor-del-agua.html' title='El sencillo sabor del agua'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SbgDv9ceYaI/AAAAAAAABlc/2Z5AmyYl7s4/s72-c/glass_of_water.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-8268183725182702901</id><published>2009-02-24T17:20:00.000+01:00</published><updated>2009-02-24T18:00:36.945+01:00</updated><title type='text'>Cuando haces una foto</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SaQel14MRsI/AAAAAAAABj8/0dGCWL0IyvY/s1600-h/IMG_1626.JPG"&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="text-align: justify;float: left; margin-top: 0px; margin-right: 10px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; cursor: pointer; width: 320px; height: 102px; " src="http://2.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SaQel14MRsI/AAAAAAAABj8/0dGCWL0IyvY/s320/IMG_1626.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5306399896416044738" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Tengo un tío que siempre dice que no hay cámaras de fotos malas, sino… bueno, ya sabéis, malos fotógrafos. Y seguramente tiene razón, pero claro, a uno le deja con la duda y se pregunta entonces cómo se hacen las buenas fotos. Y es que como la fotografía ya no es el privilegio de unos pocos, gracias sobre todo a las cámaras digitales, salen a la luz miles de instantáneas cada minuto, ya no basta con hacer clic para salir del montón, sino que hay que sacar a relucir algo más para sacar algo positivo del negativo. Y es que no hace tanto, antes de comprarte un artilugio que tras veinticuatro o treintaiséis clics te reclamaba un carrete nuevo, y que para más inri no te dejaba ver lo que había dentro de la caja negra hasta hacer una visita a la tienda (o revelar en un laboratorio casero, eso ya para los que hoy en día llamaríamos más “frikis”), la gente se lo pensaba varias veces antes de hacerse con una máquina de retratar. Creo que ésta es una diferencia fundamental comparada con otros objetos de hoy en día (cómo el coche, por ejemplo) que se han democratizado simplemente porque ya no es sólo una cosa de ricos. No: como la fotografía no suele usarse tan sólo como herramienta (a diferencia del coche, que ayuda a llevarte al despacho), sino como un fin en sí, una distracción, el precio no era el único discriminante. A mí madre no hay quién la lleve al fútbol, por mucho de que&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;a veces valga casi lo mismo que ir al cine. Pero sin embargo llegó lo digital, y con ello la fotografía se hizo realmente instantánea. Ah, velocidad (veo la foto en el mismo momento en que la hago) e independencia (la veo yo, como las Polaroid, y me las descargo yo en mi ordenador, y …). &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;Eso es lo que necesitábamos, entonces la gente sí que empezó a comprarse kodaks y nikkons y canons y demás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Yo no estoy en absoluto en contra de ello, ¿eh? Yo creo que en el fondo está bien que a cada uno&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;se nos dé la opción de tocar un mundo en el que antes ni siquiera hubiéramos pensado. Quizá de ahí salen vocaciones escondidas. Pero también creo que entonces la pregunta surge más claramente: antes, el que pensaba desembolsar sus pagas semanales en una cámara de fotos, sabiendo que con ello se esclavizaba de por vida&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;a la compra de carretes y al revelado por terceros (ah, qué tiempos aquellos del “revelado en 24 horas”, y luego…. ¡“en 60 minutos”!), lo hacía empujado por una fuerza primera. Quizá no fuera ya pasión, afición, empuje, sino simplemente curiosidad, pero el caso es que había algo que latía, con anterioridad, por ahí. Y claro, de algún modo u otro eso se tenía que ver en la imagen. La imagen no podía carecer de sentido, ya que se puso bastante empeño en hacerla. Pero ahora ya no hace falta: se nos da la foto en bandeja de plata. Y entonces, cuando todos tenemos el aparato entre las manos, cuando todos podemos disparar, es cuando quizá podemos preguntarnos, en igualdad de condiciones, quién hace y quién no hace buenas fotos. O más aún, dejémonos de comparaciones: ¿qué es una buena foto? ¿Por qué nos quedamos parados delante de una instantánea y pasamos veloces por otras capturas? Como si fuera fácil…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Empecé insinuando que hay dos cosas que diferenciar: la primera es la persona, y la segunda, la técnica (las prestaciones de la cámara de fotos, y el hecho de saber sacarle partido). Si bien es cierto que con una cámara con buenas prestaciones se pueden hacer virguerías, no es menos verdad lo que dice mi tío de que no hay cámaras malas. Y además, tampoco vale excusarse en que la cámara del otro es mejor: si la sabe usar bien, es que se lo ha currado. Mi blog es (el de fotos, no éste), por ejemplo, un blog en el que no uso mucho la tecnología: básicamente, porque mi cámara de fotos es de bolsillo, plana, sin objetivo de estos grandes (no es una réflex), que compré hace más de cinco años (es la cámara que ilustra este artículo). Si vais a sitios como flickr, encontraréis muchas fotos realmente impresionantes, de gente que domina la luz, los colores, la velocidad, todos los parámetros que poner en sus aparatos. Eso no es sólo la cámara: hay mucho trabajo de aprendizaje y perfeccionamiento detrás. Pero no me voy a centrar pues en la técnica: eso es un plus, ya que la técnica sola no puede hacer mucho, así que intentemos ver qué hay detrás del que hace una foto. ¿Cómo nace una foto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;He estado pensando como categorizar todo ese universo, y al final me quedo con esto: yo creo que hay tres tipos de fotos. Las que creas, las que cazas, y las que buscas. Lo único que las diferencia es la actitud del fotógrafo. No es lo mismo un reportero que ametralla en una carrera de motos, que el fotógrafo que se levanta cada día a las seis de la mañana para fotografiar el sol (ya que sabe que saldrá, sólo espera el día en que la luz acabe siendo la más bonita), o que el turista que al pasearse por las Ramblas ve como un tío disfrazado de romano se cae de su poltrona (quería hacer la foto del romano y le sale el plus de la caída porque estaba gatillo en mano – había un anuncio de Fotoprix que era parecido: un padre fotografiando a su niño, en el campo, que acababa de coger una zanahoria… todo está bien encuadrado, unos colores muy bonitos, tres, dos, uno… y al momento de disparar, justo un conejo salta de entre las hierbas para hincar el diente en la zanahoria. ¡Bingo!). En los tres casos estamos en una fase activa – es la diferencia entre hacer fotos y, simplemente, ver-. Debes sacar la cámara, ponerla en marcha, mirar, apretar el botón. Eso no es casualidad, eso es un trabajo, en el sentido físico de la palabra. Necesita actividad, sea cual sea el estilo. Así que yo creo que la diferencia entre las fotos radica más en la actitud y la voluntad. Pero eso no es algo que dependa sólo de la persona, sino también de la situación en un momento dado de la persona en cuestión. Por ejemplo, el fotógrafo de revista que nos muestra al piloto tumbando su motocicleta está captando en aquél momento un cliché necesario (y no por ello menos bello). Pero la misma persona puede sorprendernos con negativos de sus vacaciones en el mar donde se ve al delfín saltando por encima del agua. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Las fotos que creas son las que piensas antes de hacerlas. Son fotos que te haces mentalmente y luego las quieres pasar a negativo. A veces requiere levantarse siete días seguidos al alba para esperar que haya las nube adecuadas que hagan de aquella salida del sol en aquel lugar que descubriste por casualidad una instantánea inolvidable. Viste el marco, el lugar, pero te faltaba rellenarlo. A veces se va más allá, y se compone la foto. Se añade una planta, se saca la botella vacía de la mesa. Se añade un foco de luz, se pone un fondo blanco. Y hasta hoy se puede hacer fácilmente este trabajo a posteriori, con el ordenador. No siempre es tan simple como borrar el cable eléctrico que afea la vista, sino que a veces se trata de imaginar y concebir cómo puede quedar mejor la foto, qué color acentuar, qué encuadre elegir. Aquí el trabajo del fotógrafo se asemeja un poco más al del pintor, que se inspira de la realidad para luego aplicarla a su manera (dejarla intacta o retocarla con lo que él considere harmonioso). &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Las que cazas son las que aparecen delante de tus narices. Suelen ser las más evidentes. Quizá no estabas preparado, pero cuando delante del patio de tu casa te salta un géiser natural, cómo le pasó hace unos años a una familia andaluza, pues hombre, te da tiempo de ir a buscar la cámara y fotografiar el momento. Hay cacerías rápidas como la que mencionaba antes de Fotoprix (la cacería con suerte), las fotos de momentos estelares (lo que es estelar es el momento en sí), pero también las hay lentas (yo me puedo pasar bastante rato mirando fotos del acueducto de Segovia), ya que la presa no se mueve, pero es que no por ello es menos monumental. Ya sea con suerte o sin ella, yo creo que estas fotos son las “evidentes”: supongo que hace falta algún plus para convertirlas en algo más. Por que mis fotos de la Tour Eiffel no son como las de las postales de los estancos de París, vaya. Es ese plus lo que es interesante. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Y es que hay más: hay fotos que te encuentras después de haberlas buscado un rato. A diferencia del primer caso, no sabes exactamente qué es lo que buscas. Una foto, sí, pero ¿qué foto? La Torre de Pisa, sí, pero ¿con qué ángulo? Buscas, la buscas, pero como no sabes qué buscas, te pasas rato, cámara en mano… y al final el que la persique la consigue. Encuentras detalles en los balcones, en las hojas de los árboles, en la nieve, en las personas que se pasean, en los bichos del bosque, en el ajetreo de la ciudad… A mí me gusta hacer cosas de estas, pero aunque no lo parezca, es algo más que un paseo pasivo. Como decía antes, es un proceso activo. Se parece mucho al primer estado que mencioné, al de creación, pero aquí no se trata de fotografiar lo obvio, no se trata de fotografiar algo que ya tenías en mente: aquí se trata de ir despierto, en estado de alerta, atento, porque no sabes por dónde van a venir los tiros. Vas analizando la realidad con otro punto de vista, miras a las baldosas de la calle que pisas desde hace años de otra manera, intentas identificar qué es curioso, qué es bonito, qué es lo que tiene un plus. Es un no parar de pensar, pero tiene su recompensa. La tiene porque, sin quererlo ni beberlo lo que estás haciendo es dar valor a todas las cosas banales. Las exploras por cada lado porque en el ángulo más insospechado puede aparecer algo bonito. Les das vida porque las llenas de posibilidades. Las cosas ya no son meros objetos, sino obras con potencial. Una cosa rota puede recobrar significado. Las cosas recobran su sentido: no todo es usar y tirar, no todo es utilidad y finalidad objetiva. Hay cosas útiles (que son buenas para mí por su utilidad o simplemente agradables para mi gusto) y cosas bellas. Vale, puede ser que las últimas, las bellas, tengan mucho que ver con el gusto de cada uno. Pero pensemos ahora que hay cosas bonitas y que lo son para todos: lo que me interesa es ver que esas cosas bellas no tienen un fin concreto como el pan, que es bueno para mi salud, o el vino, que suele ser más agradable al beber que el agua. Lo que me interesa de lo bello es que al no tener una finalidad clara, al menos no una finalidad física, es algo que no siempre salta a la vista. Parece una paradoja, ya justamente lo bonito es algo que lo es para mi vista. Pero no, justamente lo que digo es que no siempre salta a la vista, y ahí está la gracia: a veces lo bonito está escondido, porque puede venir de cualquier lado. Cuando aprendemos a diferenciar la sal del azúcar, ya nunca nos equivocaremos. Pero no pasa lo mismo con la estética, ya que nunca sabemos de dónde puede surgir. Y es que puede surgir de cualquier parte. No voy a decir que todo lo que se rompe y pasa a ser un estorbo puede pasar directamente a la categoría de bello. Pero sí que el potencial existe. Ahí es donde reside la actividad, en este caso, del fotógrafo. Transformar la promesa del potencial en algo más que un “puede que sí”. Mostrarnos esa vida que permite resucitar al objeto. Es ese estado de análisis constante, de curiosidad y creatividad, de borrar las barreras físicas entre objetos y crear en tu cabeza composiciones dónde encuadrando más cercano das un significado diferente a la realidad. Es estar muy atento y concentrado, pero sin perder la ingenuidad del niño que ve formas en las nubes. Es más que apretar el gatillo. Toma su tiempo, toma su estudio, toma su concentración. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Otra cosa es saber de dónde sale esa sensación, ese descubrimiento. Y aquí es dónde vuelvo al inicio de este relato. Quizá ayudan los genes, la historia pasada, o la suerte del que recibe una cámara réflex para su cumpleaños. Unas veces la afición nace antes y la compra viene después, pero otras es la cámara la que llega sin haberla pedido. Pero aunque un tal inicio ayude, sin ser necesario tampoco es suficiente. Porque luego siempre se necesita un tiempo que dedicar, una afición que crear. Es difícil hacer algo bonito si no te gusta hacerlo. Porque no todo es fácil, y cuando se complican las cosas, hace falta tener las ideas claras o los motivos suficientes para seguir adelante. Yo no puedo saber qué es lo que empuja a los fotógrafos a hacer su labor, aunque puedo hacerme una idea. Lo que me imagino más claramente es que si puede llegar a ser una profesión, será porque requiere tiempo y trabajo. Y esto no tiene por qué ser forzosamente malo, ya que a menudo es una profesión con aires de vocación. Una vocación no es lo mismo que un don: supongo que sí que existen los dones, aunque está claro que estos también se pueden pulir. Yo nunca supe dibujar y, aunque sí sé copiar dibujos, por mucho que me empeñe me cuesta horrores. Pero una vocación es algo que te atrae aún sin saber mucho sobre ello. Una vocación es una inclinación. Siempre me ha gustado esta última palabra, inclinación. Porque es muy visual, es muy fotogénica, es la silueta del hombre que se asoma… y con un empujoncito lo tienes ahí, dentro, ya ha dado el paso, ya se ha adentrado. La inclinación es el punto que te ayuda a sobrepasar el ángulo muerto, y caer del otro lado, entrar en el nuevo mundo, volcarte en él con todos tus sentidos. Y yo creo que es esto lo que hace avanzar. Porque sin ello, no creo que la foto tuviera mucho secreto. No creo que en estas líneas haya descubierto la rueda, vaya. No hablo ni de encuadres, ni de enfoques, ni de profundidad, ni de sensibilidad, ni de luz, ni de color. Tampoco creo que haga falta, de hecho. Quizá es lo que quería decir. Ver que por mucho que la fotografía cace un segundo, por mucho de que físicamente parezca que cueste poco, hay mucho por detrás. Porque sólo se llevará su cámara de paseo aquél a quien le interese el mundillo. Sí, quizá lo que quería decir es esto, que el que se lleva la cámara es porque está en un estado reflexivo. Yo creo que fotografiar es pensar. Es concentrarse. Igual que tiene que concentrarse aquél que se quiere aprender una coreografía o la persona que aprende a tocar la guitarra. Y por eso sale bien y a veces no, y por eso puede haber gente que lo hace como entretenimiento y gente que se puede ganar la vida con ello. No os penséis que quién cuelga su foto en internet cuelga su única foto – como todo, hay muchos ensayos detrás, muchos borradores, o al menos muchas otras fotos detrás que le sirven de experiencia. Y no está mal que sea así, no está mal que las cosas conserven un toque humano. ¿O no es verdad que salimos siempre fatal en las fotos automáticas del fotomatón?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-8268183725182702901?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/8268183725182702901/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=8268183725182702901' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/8268183725182702901'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/8268183725182702901'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2009/02/cuando-haces-una-foto.html' title='Cuando haces una foto'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SaQel14MRsI/AAAAAAAABj8/0dGCWL0IyvY/s72-c/IMG_1626.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-7435992017880862512</id><published>2008-11-13T04:38:00.000+01:00</published><updated>2008-12-03T18:22:27.225+01:00</updated><title type='text'>La Plagne - Février 2005</title><content type='html'>&lt;object width="320" height="266" class="BLOG_video_class" id="BLOG_video-a22c76db6458c5e3" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/get_player"&gt;&lt;param name="bgcolor" value="#FFFFFF"&gt;&lt;param name="allowfullscreen" value="true"&gt;&lt;param name="flashvars" value="flvurl=http://v5.nonxt4.googlevideo.com/videoplayback?id%3Da22c76db6458c5e3%26itag%3D5%26app%3Dblogger%26ip%3D0.0.0.0%26ipbits%3D0%26expire%3D1330012993%26sparams%3Did,itag,ip,ipbits,expire%26signature%3D4C6847B8D44A1218932A11F8498911EB2282EFFB.78A0D992810C5F85D7F6168088E1BA6F1D352D96%26key%3Dck1&amp;amp;iurl=http://video.google.com/ThumbnailServer2?app%3Dblogger%26contentid%3Da22c76db6458c5e3%26offsetms%3D5000%26itag%3Dw160%26sigh%3DpjPGR8Qhzh8gMW2pgB_u9DxLzHo&amp;amp;autoplay=0&amp;amp;ps=blogger"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/get_player" type="application/x-shockwave-flash"width="320" height="266" bgcolor="#FFFFFF"flashvars="flvurl=http://v5.nonxt4.googlevideo.com/videoplayback?id%3Da22c76db6458c5e3%26itag%3D5%26app%3Dblogger%26ip%3D0.0.0.0%26ipbits%3D0%26expire%3D1330012993%26sparams%3Did,itag,ip,ipbits,expire%26signature%3D4C6847B8D44A1218932A11F8498911EB2282EFFB.78A0D992810C5F85D7F6168088E1BA6F1D352D96%26key%3Dck1&amp;iurl=http://video.google.com/ThumbnailServer2?app%3Dblogger%26contentid%3Da22c76db6458c5e3%26offsetms%3D5000%26itag%3Dw160%26sigh%3DpjPGR8Qhzh8gMW2pgB_u9DxLzHo&amp;autoplay=0&amp;ps=blogger"allowFullScreen="true" /&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;Que c'était bon, d'être étudiant...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-7435992017880862512?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='enclosure' type='video/mp4' href='http://www.blogger.com/video-play.mp4?contentId=a22c76db6458c5e3&amp;type=video%2Fmp4' length='0'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/7435992017880862512/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=7435992017880862512' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/7435992017880862512'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/7435992017880862512'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2008/11/la-plagne-fvrier-2005.html' title='La Plagne - Février 2005'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-6678850070222039582</id><published>2008-11-13T03:07:00.000+01:00</published><updated>2008-11-19T20:01:25.605+01:00</updated><title type='text'>Gente Erasmus</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SRuNS0akUMI/AAAAAAAABUs/f5Elux5ODZo/s1600-h/forges-erasmus.gif"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 223px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SRuNS0akUMI/AAAAAAAABUs/f5Elux5ODZo/s320/forges-erasmus.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5267959543587164354" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SRuNSjttqPI/AAAAAAAABUk/kWMZL-9LXV8/s1600-h/bandera_europa2254.gif"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 235px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SRuNSjttqPI/AAAAAAAABUk/kWMZL-9LXV8/s320/bandera_europa2254.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5267959539104065778" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;(Milán, Octubre de 2005)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Pero porqué te vas a estudiar a Francia, no dan aquí en España la carrera que estudias? ¿Que sí que la dan? ¿Pero, entonces, flor de mi vida, amor de mi alma, por qué te vas?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Ésta es solo una pequeña muestra de las preguntas a las que tendrá que responder todo pretendiente Erasmus a su abuelita. Y es que antaño los españoles que se iban al extranjero eran los que necesitaban el tirón de Alemania para dar de comer a familias numerosas que aspiraban cada dos años al premio nacional de natalidad. Entonces la gente se iba por necesidad, ahora lo hacemos por oportunidad. Esto ya no es lo que era. ¡Por suerte, cabe añadir! Quizá no sabemos bien del todo quién es este tal Erasmus, un holandés nos dice uno, un humanista de la época medieval, pero lo que sí sabemos es de este programa de intercambio entre universidades europeas que lleva su nombre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;De Erasmus hay de todas clases, seamos honestos. Y es que a partir del momento en que uno ya no se va por necesidad, pues resulta claro que eso de los estudios no es la prioridad para todos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;-Nos encontramos pues con el Erasmus fiestero, el que nadie sabe cómo, pero aparece en todos los blogs universitarios, en todas las páginas web de las asociaciones de estudiantes, y sobre todo, en todas las fiestas. Fiesta en el “Casablanca”: ahí está él (o ella, que en esto del entretenimiento nocturno no hay discriminación, si no es positiva: ellas entran gratis). Fiesta en l’Étoile: allí lo vemos con la mejor de sus sonrisas, de oreja a oreja. Fiesta en La Paloma: no falta a la cita, copa en mano, trofeo a veces también. Pero la misma regla de tres que lo hace aparecer en todas las listas VIP discotequeras, lo hace desparecer de la lista de la clase. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;-Luego tenemos aquellos Erasmus turistas: cámara en mano, se cogen los “fines de semana del estudiante”, que se caracterizan  por ser los únicos fines de semana más largos que la semana, sólo superados un año de cada tres por el españolísimo macro puente de la Purísima Constitución (receta: júntese el 6 y el 8 de diciembre, día de la Virgen el primero, de la Constitución de 1978 el otro, y hágase coincidir el todo en martes y jueves. Cójase la baja el lunes, con la excusa del primer resfriado del invierno que se avecina, para aplicar el miércoles el día de fiesta de esos sueltos que le quedan a todo trabajador, y en cuanto al viernes no se preocupe, a nadie se le ocurrirá ir al trabajo ese viernes). Así, nuestro querido Erasmus dedica parte de su tiempo a las visitas culturales por la región y el país y los países vecinos y el resto del continente, y es que una vez se ha pegado el salto, ya no se puede parar. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;-No olvidemos al Erasmus con vocación para crear una agencia de viajes familiar: se trata de aquél que recibe cada fin de semana a dos miembros de su extensa familia. Suele pasar que este Erasmus en particular es aquél que se fue de casa justamente porque ya estaba un poco cansadillo del ambiente familiar. Pero es que en su casa eso de que “Juanillo esta estudiando en París” suena como un “¡Por fin tenemos excusa para ir a París!”.  Le vemos pues un fin de semana tras otro con padres, abuelos, tíos, primos... Es el mismo tipo de familia que cuando hay boda se llevan el tupper, y que hacen retrasar el avión porque ya no saben donde han puesto los billetes. La familia del Tebeo, vaya.  Los que cuando van a la playa parece que se vayan de camping, con las sillas y la mesa plegable y la abuela y la bombona de butano bien naranja para hacer la paella. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;- Otro fenómeno paranormal es el hecho que cuando uno se va de Erasmus, por muy lejos que se vaya, ya sea a la otra punta del mundo (en este caso ya no se llama beca Erasmus, pero el concepto es el mismo), siempre se acaba encontrando a alguien que es del pueblo. De su mismo pueblo. Si le parece que esto no le ha ocurrido, recúrrase a sendas abuelas, pues son las garantes del árbol genealógico no sólo de la propia familia sino de cualquier familia del pueblo, eso sin contar los conocimientos adquiridos en el ¡Hola!.  Ellas le dirán que en efecto, la Julieta es hija de la prima de la sobrina de la amiga de la tía del mosén. De la familia, vamos. Y tú sin saberlo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Y así hasta más no poder. Pero no nos engañemos, esta nueva especie de homus internationalis lleva consigo una carga de inquietudes. A menudo se va de intercambio sabiendo que, en el mejor de los casos,  al regreso tendrá que trabajar dos veces más que sus compañeros de promoción porque las asignaturas no son nunca exactamente las mismas, en el peor tendrá que volver a hacer su cuatrimestre, trimestre o semestre en su universidad de origen. Pero el Erasmus sabe que no ha perdido el tiempo. Se agarró fuerte a la oportunidad y no la dejó escapar. Lo que no aprendió de académico lo aprendió de la vida. Y eso que en la vida, no hay nada escrito. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-6678850070222039582?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/6678850070222039582/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=6678850070222039582' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/6678850070222039582'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/6678850070222039582'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2008/11/gente-erasmus.html' title='Gente Erasmus'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SRuNS0akUMI/AAAAAAAABUs/f5Elux5ODZo/s72-c/forges-erasmus.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-7102394070668978648</id><published>2008-11-06T14:08:00.001+01:00</published><updated>2008-11-13T03:19:28.845+01:00</updated><title type='text'>La caída</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SRuOpsJ8ZqI/AAAAAAAABU0/KTurOIacumo/s1600-h/caida+dibujo.png"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 297px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SRuOpsJ8ZqI/AAAAAAAABU0/KTurOIacumo/s320/caida+dibujo.png" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5267961036018575010" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;(Milán, Septiembre de 2005)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Arial;"&gt;(Artículo publicado el 20 de septiembre del 2008, anteriormente ubicado en mi otro blog: &lt;a href="http://mymindandmatter.blogspot.com/"&gt;"Mind and Matter"&lt;/a&gt;)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Parece que eso de complicar lo que es sencillo se está poniendo de moda. Y si no, lean lo que me sucedió una tarde, mientras regresaba tranquilamente a la universidad tras haber ido a comer al bar de turno. Yo caminaba tan pancho y contento, quizá un pelín acelerado por eso de haber apurado al máximo la pausa del mediodía, cuando apercibí unos metros delante mío, y unos escalones por encima, a una conocida. Una chica con quien había asistido al curso de italiano el primer mes en Milán, americana. Y claro, un “ciao” dejé escapar, justo cuando estaba a su altura, sin pararme, que tampoco teníamos mucho en común. Todos sabemos que ésta es la estrategia óptima: ni demasiado pronto, lo que nos deja con un par de segundos de sonrisa tonta, recíproca, los dos pensando interiormente "¿y ahora qué nos decimos?", ni demasiado tarde, que no falten los modales. Nada, desviando la mirada hasta el momento crucial, y soltando el saludo, con tono casi de sorpresa, como si no hubiéramos visto la otra persona un buen rato atrás. Un “ciao” con efecto sorpresa, veloz, pero sin ningún interés escondido (es decir, no un ciao con segundas como sería un ciao fijando mi mirada en sus ojos, o un ciaaaaaooo alargando las vocales, o un ciao con guiño de ojo incluido). No, era un simple ciao de holaquétal, todo junto. Pero la diferencia entre ella y yo es que yo me acordaba más de ella que ella de mí. Y que yo se lo dije de subida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Y es que ella (cuyo nombre no es que no quiera acordarme, sino que simplemente no me acuerdo) tardó unas milésimas de segundo en reaccionar. Ahora llegamos a aquella parte del relato en que el tiempo si bien no se para, se ralentiza de manera sustancial, la imagen sigue su curso pero casi congelada, e incluso una y otra vez, repetida desde diversos ángulos y puntos de vista. De modo que no estoy en grado de recordar qué fue lo que sucedió primero, porque en mi recuerdo todo sucedió a la vez, todo se mezcla, pero nada se borra. Ella tardó en reaccionar. Y lo hizo cuando yo ya había alcanzado el último peldaño de unos cinco que había entre su posición y la mía (ya advertí al lector de mi velocidad). Estábamos en efecto separados por poco más de un metro de altura, por razones arquitectónicas que no equivalen a un piso, sino a un simple desnivel. Pero yo tuve la astucia de concentrar mi saludo en la fase final de mi ascensión, cuando todo el esfuerzo requerido para tal hazaña había estado ya completado. Ella no. Y ella no me recordaba. ¡Ah! Error fatal que nunca olvidarás... y es que debió darse cuenta demasiado tarde de quién era yo ("oh, yes, the ragazzzo who attended with me il corso d’italiano alla Bocconi"...). Cruel olvido. Debió emplearse demasiado a fondo. Porque cuando yo ya estaba olvidando este reencuentro (estamos todavía hablando de milésimas de segundo, no fue largo), cuando mis pasos ya me dirigían hacia otros horizontes, pasó lo que pasó y ahora no duermo bien. Que nadie me pregunte el cómo, porque todavía no me lo explico. Lo único que sé es que oí un estruendo detrás mío, un ruido… Y luego lo vi todo: vaya resbalada, señores, vaya desplome, ¡pero qué batacazo! Una torta de aquí te espero, un tropezón de campeonato, un patinazo superlativo... ¡madre mía, qué caída! ¡Pero es que vaya galleta se estaba pegando la pobre! Es ahora que el relato se acelera. Yo me giro, y la veo, a ella, por el suelo, no caída, sino cayendo, no callada, sino chillando, no cabeza arriba, sino cabeza abajo... Yo no me puedo explicar como leches en cuestión de milésimas tiene una persona el tiempo de ponerse del revés, de caer, de seguir cayendo, de lanzarse al vacío. Es que no había ni piel de plátano ni líquido resbaladizo alguno, y por mucha manzana que le cayera a Newton, tal revolcón no se explica sólo con la ley de la gravedad. El tamaño del coscorrón fue inversamente proporcional a mi grado de comprensión de los hechos: y nada de tocar solo el suelo con las manos, o con el culito, ¡qué va! Ella cayó pero bien caída, como si de humor amarillo se tratara, con todo el cuerpo, con las manos, los brazos, las piernas, ¡si hasta se dio con la barriga! ¡Pero es que no sé cómo se puede dar uno con tantas partes del cuerpo, como si no estuviéramos llenos de ángulos que forman concavidades imposibles de alcanzar! Y luego esperen. Porque es fácil ayudar a una persona que se ha caído, pero no lo es tanto ayudar a alguien que aún está cayendo. Si la persona aún no ha acabado la operación, no hay nada que hacer. Mujer, puestos a caer, ¡pues cae rápido! Pero no, ella se empeñó en tragarse uno por uno los cinco escalones que allí había, pero cuando digo uno por uno es porque la chica iba rebotando a cada peldaño, con suspiro incluido. Yo no sé si eran gritos, suspiros, alaridos u otra cosa, lo único que sé es que no hay onomatopeya que lo describa. Pero lo que más alboroto causó fue la carpeta, una carpeta de esas gruesas, con tapas brillantes y plastificadas: tras volar unos metros aterrizó plana no se sabe dónde, pero tal caída en plancha dejó tras de sí un ruido infernal sobre el suelo de mármol la universidad, un ruido de esos que no avisan, de esos que lo echan todo en un único movimiento, de esos que ta hacen girar la cabeza al instante, ¡BAM! Es que también la chica escogió mal. Puestos a caer en unas escaleras, hazlo de subida, que al menos así te quedará con más probabilidad la cabeza más alta que los pies. Y si lo haces de bajada, prueba de hacerlo elegantemente, cayendo de culo, para levantarte ipso facto con una graciosidad de quien no quiere la cosa. Pero no te caigas con el cuerpo hacia delante, las piernas por detrás, los pies para arriba, y rebotando en cada peldaño. Es que yo no lo entiendo, no entiendo estas ganas de dar la nota. Yo, si me caigo, me levanto haciendo la voltereta, y luego saludo para dejar claro que obviamente, estaba todo preparado, faltaría más. Por favor, miedo al morado no, ¡pero ante todo no perder la dignidad! En fín, en cuestión de gustos nada está escrito. Y aún menos entre nosotros y los americanos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Ahora bien, todavía queda la segunda parte del relato. Una vez asentada, ¿qué hacer? No ella, sino yo: ¿qué debía YO hacer? Fue en ese momento que incomprensiblemente me entró una especie de remordimiento, mezclado a un sentimiento de vergüenza ajena que más pienso en él y menos entiendo. En esos instantes uno pierde el sentido de la realidad. Y es que me entró un sentimiento de culpabilidad enorme. No nos engañemos: ¿por qué se había caído? Porque me había saludado. Entonces ni me daba cuenta que a una persona normal no le hace falta que movilice todos sus sentidos para saludar a otra persona. En América debe ser lo habitual, pero ¿cómo podía yo saberlo? Yo era el responsable. Era el único en saber que se había caído por mi culpa, porque tardó demasiado en recordarme y no tuvo la astucia de hacerlo después del obstáculo puesto allí expresamente. No sabía si acudir a ella o no. En estos casos, a uno le vienen en mente una cantidad de pensamientos ridículos que nunca resultan ser verdad. Mi primera reacción fue “Si voy, seguro que me tira los libros a la cabeza porque dirá que fue culpa mía”. Ridículo pensamiento porque si bien fui la causa de tal peripecia, no fui para nada el culpable. Pero yo pensaba “no, como vayas, estás muerto” ¡Ya se podría haber acordado de mí, no te digo! No es que no tuviera ganas de levantarla, pero es que si no quería hacerlo, era por su bien. Ésta fue la segunda evolución de mi estado cognitivo. ¡Lo prometo! Y es que a ver, no es el dolor de una caída aquello que más miedo me da, sino el ridículo que uno puede llegar a hacer. Ya dije que yo, cuando me caigo, me levanto con tal velocidad que la gente no tiene tiempo de ver lo que ha sucedido. Intento incluso incorporar el movimiento de levantamiento al de la caída, como si fuera todo natural, añadiendo si hace falta un sonoro ¡hop! para que la gente crea que todo estaba calculado. Hago ver si hace falta que he visto dónde se encuentra la cámara indiscreta. Como un relámpago recojo mis cosas y me esfumo, no sea que alguien vaya a identificarme. Tan sólo más tarde miro si todo está en su lugar, si no sangro, si no estoy sucio. Es en este tipo de casos que uno se olvida de ver el siete que lleva en la parte posterior del pantalón. Y yo pensé “si vas y la levantas, se muere de vergüenza. Haz ver que no has visto nada. Haz ver que no has visto nada”. Cabe decir que como vi que la muchacha estaba sana y salva, la comicidad de la situación empezaba a llegarme... Pero yo les prometo que si no la ayudé, lo hice por ella. Además, de eso ya se encargaba un grupo de italianos que también habían presenciado la escena. La envolvieron como los paparazzi de la Dolce Vita acercándose a la actriz americana recién aterrizada en Roma, con el mismo glamour, el mismo peinado, e incluso las mismas gafas de sol. Los mismos que en el previo análisis de la situación me dije “ya verás, ella les dirá que ha sido mi culpa, y estos matones no me dejan vivo....” Desde luego, más lo pienso y menos comprendo cómo uno puede llegar a pensar tales cosas, pero sin embargo no deja de ser verdad, era eso lo que yo pensaba. Pero algunos ya empezaban a reír... “vete de aquí o se muere de vergüenza”. Y al final me fui, llegué tarde, sonó la campana, pero me fui. Aunque no pude dejar de pensar en ello, ¿cómo iba a hacerlo? ¡Qué castaña! ¡Qué situación! ¡Qué risa! Es que no se imaginan el porrazo que se llegó a meter, una nata de campeonato. Vaya piño, señores, vaya piño. Y al final, yo esfumándome, ella buscándome, y los italianos ligando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-7102394070668978648?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/7102394070668978648/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=7102394070668978648' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/7102394070668978648'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/7102394070668978648'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2008/11/la-cada.html' title='La caída'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SRuOpsJ8ZqI/AAAAAAAABU0/KTurOIacumo/s72-c/caida+dibujo.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7616701623785886811.post-3510223769831706700</id><published>2008-11-06T14:06:00.000+01:00</published><updated>2008-12-03T15:43:27.277+01:00</updated><title type='text'>Crisis, subprimes, y otras historias</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SRuPdkCL2nI/AAAAAAAABVE/5o9P_3P0V10/s1600-h/20060120182004-tio-gilito1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 317px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SRuPdkCL2nI/AAAAAAAABVE/5o9P_3P0V10/s320/20060120182004-tio-gilito1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5267961927191747186" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Arial;"&gt;(Artículo publicado el 19 de septiembre del 2008, anteriormente ubicado en mi otro blog: &lt;a href="http://mymindandmatter.blogspot.com/"&gt;"Mind and Matter"&lt;/a&gt;)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Arial;"&gt;La que está cayendo. Lo que está pasando no es una simple crisis, es realmente todo un acontecimiento. Cierto, no es uno de esos que se viven con sosiego: la repercusión de los problemas en los mercados financieros internacionales es tal que ya estamos viendo como muchas empresas se ven obligadas a prescindir de miles de sus trabajadores, y eso se vive en la calle, no sólo en el telenoticias. Y si observamos la situación de una forma macroeconómica, no deja de ser mucho más que un simple suceso. No será una revolución como la de los libros de historia, pero ojalá sea la gota que colme el vaso y que marque una involución en la manera que funciona la economía mundial. Nunca me ha gustado hablar de "sistema", ya que para algunos eso parece que sea un ente en sí, "El Sistema", con mayúsculas, como si fuera la mano que mueve los hilos. Siempre se me ha hecho más simpática la palabra economía, que a mi me recuerda más al trabajo de las hormiguitas: de forma increíble, miles de bichitos son capaces de organizarse con tal que nuestro pedacito de pan caído desaparezca en un abrir y cerrar de ojos, que la que descubre un bicho muerto sepa volver al nido y pueda avisar al resto, que se sepa dar la prioridad al camino más corto cuando, visto desde el suelo, ves a saber tú como pueden conocer la cartografía, que sean incluso capaces de ser granjeras, y proporcionen comida vegetal a colonias de una especie de pulguita a cambio del néctar que ésta produce... Cierto, hay una reina, pero la organización de las hormigas es algo que tiene mucho que ver con la economía. Es un orden caótico. Sólo, yo sería incapaz de tomar un vasito de café. No sé fabricar el vaso, no sé fabricar la herramienta que fabrica el vaso, no sé fabricar el barco que transporta el café, no sé pilotar el barco que transporta el café... Pero al final, todo sale bien, y beberlo, eso sí que sé. Hombre, algo más sé, aparte de disfrutar del discurso final: yo, en mi compañía cafetera, me encargo de las finanzas y de los créditos de los bancos. Ésa es mi contribución, la otra mi recaudación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;br /&gt;En fin, al grano: ¿qué es lo que ha pasado que la economía se ha vuelto loca? ¿Cómo puede ser que caiga uno y caigan todos? ¿Cómo puede ser que nuestra economía se haya convertido en un castillo de naipes -o en una burbuja- en vez de una red sostenible como la de las hormigas -si muere una, funeral, y a trabajar-?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;br /&gt;No voy a explicar aquí que es lo de las hipotecas subprime, si acaso ya lo haremos otro día (o mejor, consultad el blog del ya famoso Leopoldo Abadía,  él sí que lo explica bien: &lt;a href="http://leopoldoabadia.blogspot.com/"&gt;AQUÍ&lt;/a&gt;). Básicamente, lo de las sub-prime es una anécdota comparado con el verdadero alcance de lo que ha revelado. Todo empezó con ellas: pero es que ellas no son el corazón del problema. Es como si ellas fueran una de las metástasis, y ahora nos hemos dado cuenta de que el sistema tiene un verdadero cáncer. No es mortal, se puede sacar, pero habrá quimio y radio, con las molestias y dolores que eso conlleva.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Básicamente, el liberalismo ha entrado en una contradicción. Y los matemáticos saben que una contradicción suele llegar cuando hacemos una demostración por reducción el absurdo. Pero si llegas a una contradicción cuando no te lo esperas, malo. Malo, porque significa que lo de antes era algo absurdo. Y es lo que ha pasado cuando el estado americano, la primera potencia mundial, los que han desarrollado al máximo el sistema capitalista y liberal anglo-sajón, el estado que potenció a Juan Palomo, el de yo me lo guiso y yo me lo como, el estado que quería ser poco intervencionista comparado con sus homólogos europeos, que hacen pagar tantos impuestos y distribuyen tal Robin Hood las riquezas de todos, ricos y pobres, no sólo para hacer carreteras, sino también para dar de comer a los pobres y una pensión a todos los viejecitos (vale, y ese chalecito del alcalde), ese estado se ha convertido de la noche a la mañana en el más intervencionista de la historia. El Estado americano es ahora propietario de las dos hipotecarias más grandes del mercado (Fannie y Freddie), de la mayor aseguradora (AIG), hace maniobras para salvar a dos súper bancos de negocios (Bear Sterns y Merril Lynch)... Es decir, que en vez de controlar poquito a poco, con ayudas y controles aquí y allá, el Estado se ha dado cuenta de que ha estado creando un monstruo tal, que si bien su caída podrá "ayudar a limpiar la economía", como dijo Solbes y como sostienen también los liberales, es tan grande que al caer nos puede aplastar a muchos. Y eso no tiene ni pizca de gracia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;br /&gt;¿Veis lo que falla? Básicamente, no perdáis de vista que cuando decimos "Estado", hay que leer "contribuyente". Es decir, que todo eso se ha pagado con dinero de los americanos, el dinero que les tenía que pagar sus carreteras, su ayuda médica, sus instalaciones públicas... Pero ahora no, ahora se dan cuenta los contribuyentes que lo que han pagado con sus impuestos no será repartido para todos vía obras públicas, sino que se destinará a pagar a otra empresa. Es decir que uno paga al estado liberal para que éste, en vez de ser liberal, pague a otras empresas. A qué partido votaríais, a uno con el lema "Votad Partido Fulanista, y con los impuestos financiaremos empresas, pero no construiremos carreteras" o a otro "Votad Partido Menganista, y con los impuestos construiremos carreteras". Vaya, un contrasentido votar a los primeros, ya que no hace falta estado para crear una empresa, pero sí hacen falta impuestos para acciones colectivas tipo carreteras (aunque luego éstas sean privatizadas - hace falta el Estado para tener legitimidad en la expropiación del suelo, por ejemplo) y demás. Pues es lo que ha pasado, los liberales que no querían dedicar un euro (o un dólar) a cosas sociales, han tenido que dedicar toda su caja a salvar empresas. Pero eso no es todo: yo creo que lo de AIG tiene mucha tela. Y esto es algo que ilustra el corazón del problema: AIG (American International Group) es la aseguradora más grande del mundo. ¿Cuál es el negocio de las aseguradoras? Asegurar contra imprevistos (incendios en el hogar, accidentes de coche, etc.). Pero no todos son imprevistos "naturales": fuego, inundación. De hecho, a menudo éstos tienen una causa humana (el fuego es porque hay un cortocircuito, es decir una instalación eléctrica construida por nosotros, la inundación porque se construyó la urbanización en el antiguo cauce de un río). Y como ejemplo de imprevistos que las aseguradoras aseguran, están los "riesgos de capital". Yo compro unas acciones, y puedo pagarlas más caras si compro un seguro, que me devuelve tanto dinero si su precio cae en el futuro por debajo de x. Aquí gana el que apueste mejor. O el que tenga más suerte. Ay, que nuestros pies ya no empiezan a tocar certezas, ay que ésto más que economía parece una casa de apuestas, pero con el dinero de todos, de las empresas... Pues no desconfiáis de vosotros: no somos tontos, y los otros no son más listos. Si empezáis a notar que todo se vuelve un lío, no penséis que sois vosotros los errados. Pensad que a lo mejor sí que hay un verdadero lío. Porque es exactamente lo que ha pasado: aquí es donde empieza la burbuja, como luego explicaré. Pero he cogido ahora un ejemplo de una aseguradora, y no de un banco de inversión, porque los seguros es un negocio que justamente se especializó en salvarnos del riesgo que supone los vaivenes de la economía, y que se adaptó también a los nuevos riesgos de la economía liberal. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Así que las aseguradoras cubrían del riesgo. Tiene pues inri que una empresa que cubre el riesgo, no esté cubierta de riesgo, que los corra como cualquier otra, que invierta en fondos de inversión como cualquier banco. Ojo, que no me meto aquí con el riesgo en sí: sin riesgo no habría ninguna empresa, la vida no hubiera arrancado (no sólo Colón se hubiera hecho regatista en el Mediterráneo en vez de descubridor de otros mundos, sino que tampoco nosotros nos iríamos de casa a la temprana edad de los treinta y cuatro, ya que no nos atreveríamos a embarcarnos en una hipoteca). Pero si te pagan para cubrir riesgos, para asegurar a tus clientes, no me fastidies corriendo más riesgos que los que corro yo y de los cuales en principio me tienes que proteger. Atención, bien hemos de saber que en finanzas, una manera de cubrir el riesgo de un cliente, por ejemplo, comprar el producto financiero opuesto al que éste ha solicitado, así el banco se queda con las comisiones de servicio y él no asume ningún riesgo (Si yo pido al banco que apueste en mi lugar por los impares, el banco comprará esa apuesta por mí, pero a su vez apostará por los pares y venderá ésta apuesta a otro cliente: yo puedo ganar o perder mi dinero, el otro cliente igual, pero el banco siempre recuperará el dinero invertido. La entidad no gana pues en la apuesta en sí, ganará por la comisión que me ha hecho pagar a mí y al otro cliente). Eso es una cosa, pero otra es que la aseguradora que yo contrato me cubra con operaciones de este tipo, pero que luego invierta sus ganancias a las primeras de cambio, en productos que no dejan de ser muy volátiles: si la apuesta sale mal y la aseguradora pierde dinero y quiebra pues también caigo yo. Eso que lo haga el banco de inversión, que me parece perfecto, porque es uno de sus trabajos, pero al menos si acudo a ellos sé a qué atenerme. Pero una casa de seguros, no, eso no, por favor, ¡zapatero a tus zapatos! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Ésta ha sido la clave de todo: ¿quién cubría a quién? En vez de haber mecanismos de control ex-ante (como leyes que prohíben tal operación o tal otra - pero cada ley de ésas es una estocada al liberalismo puro y duro-), el liberalismo ha creado sus propios mecanismos de control a posteriori. Bueno, más que de control, de compensación. Pero estos mecanismos (llámense aseguradoras, o agencias de "rating", cuya labor es decir "ésta empresa está sana" o "esta empresa está jugando con fuego" para que así los inversores puedan decidir donde meter su dinero) también están sujetos a la ley del mercado, porque no son públicos y sin ánimo de lucro, sino que son empresas que también aspiran a obtener beneficios. Y lo que conlleva eso: como siempre pasa, al querer obtener aún más beneficios, pueden tomar riesgos, lo que es un círculo más que vicioso (la empresa que asegura de los riesgos corre riesgos, así que hay una empresa que asegurará a la empresa que asegura de los riesgos, pero a su vez aquella correrá sus riesgos al estar en el mercado, etc.). Así, también pueden caer los guardianes anti-caída. ¿Para qué los pagamos, pues?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;br /&gt;La pregunta es: ¿cómo es que nadie se dio cuenta de ello, de que se estaban tomando demasiados riegos, del círculo vicioso, de que era un callejón sin salida? ¿Cómo es que nadie se dio cuenta de las incongruencias del sistema? Básicamente, porque se olvidaron de que las empresas son humanas, y que igual que la panadería la lleva el panadero, que puede equivocarse, la empresa la lleva el empresario, que también se equivoca. El panadero quiere vender más panes, las grandes empresa también quieren vender más de lo suyo. Pero si haces más panes y luego no vienen los clientes, te fastidias y debes tirar tus panes y asumir las pérdidas (porque te habrás gastado dinero en harina, agua, luz, sal, salario del empleado, para nada). A las grandes empresas, les pasa exactamente igual: sí amigos, las grandes empresas también pueden pifiarla. Lo que pasa es que al panadero lo vemos con su pan, y sabemos que es él, y palpamos la realidad del producto, porque nos los comemos en vivo y en directo, y hasta a veces nos enfadamos con él porque leches, el pan del día anterior estaba quemado, y palpamos el error en nuestro paladar. Sin embargo, a las grandes empresas, las reconocemos por sus siglas, su renombre, su aureola, y ante tanto mármol y tantos paraguas con su nombre, nos olvidamos de que son lo que son, es decir empresas, es decir que también están sujetas a la ley del mercado, y nos creemos que son ellas las reinas del mercado. O peor, las que dirigen el mercado. Ellas son el mercado. Éste es el error. Creédme, la de veces que he oído en empresa "oh, pero es que esto lo ha dicho Casa Pepito", como si al venir firmado por una empresa -y no por "Fulanito Pérez, trabajador de Casa Pepito"-, tuviera más entidad. Como si las grandes empresas no estuvieran constituidas por personas. Y como si los trabajadores de grandes empresas fueran infalibles. Cierto, son buenos, pero también son humanos, también se pueden dejar llevar por el ambiente. La prueba está ahí, en Wall Street, o esta vez en Times Square y en Canary Warf: los errores han salido bruscamente a la luz, y se han pagado caros. Los trabajadores despedidos seguro que eran buenísimos, no lo dudemos. Pero nadie fue capaz de sacar la cabeza del agua y decir "uyuyuy, ¿pero todo ésto tiene un sentido?". No sacaron la cabeza del agua y ahora se han dado de bruces contra el muro. Y nosotros también, ¿eh? Que no se nos olvide que yo ahora estoy explicando mi interpretación de los hechos que acaban de ocurrir, que es mil veces más fácil que de prever lo que pasará. Ojo, que no estoy haciendo leña del árbol caído: mis fines no son perversos, estoy más bien haciendo la autopsia de un muerto, para entender cómo se propagó el cáncer y pensar qué hacer para evitar que ocurra en el futuro. Así que yo también me incluyo en el mismo barco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;El problema principal ha sido pues la ceguera colectiva, un fenómeno que, no nos engañemos, es más que conocido, en &lt;st1:personname productid="la Bolsa" st="on"&gt;la  Bolsa&lt;/st1:personname&gt; y en el día a día. Es un fenómeno fácil de explicar: somos todos mucho más gregarios de lo que creemos. Seguimos la moda por mucho de que ya no seamos los pioneros, nos paramos a mirar cuando en la calle se forma un coro de gente, si en clase todos levantaban la mano respondiendo a una pregunta, nosotros lo hacíamos también... Los que hayáis visto la película "Una mente prodigiosa", con Russell Crowe (el de Gladiator), quizá recordéis su explicación de una variante de la "teoría de juegos", en la que se puede comprender primero cómo las acciones colectivas conllevan a situaciones inesperadas. En el film, Russell Crowe interpreta al matemático y premio Nobel de economía John Nash. Y explica la situación siguiente. En un bar donde hay cuatro chicos, de repente entran una rubia y tres morenas. ¿Será una noche feliz? ¿Cómo se repartirán las parejas, suponiendo que la más bella chica es la rubia? Nash dice que la combinación óptima (la que cree un total de mayor satisfacción a más personas) se consigue cuando la chica más guapa -la rubia- se queda sin bailar, aunque parezca paradójico. Y es que &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;ninguno de los cuatro muchachos se atreverá a pedirle la mano –pese a que para todos es su musa indiscutible- por miedo al rechazo en público, ya que la rubia goza del privilegio de poder elegir, si sabe que los cuatro la prefieren. Nash daba este ejemplo para ver como en economía, no es tan cierto como parecía la teoría según la cual "lo mejor para el bien común es elegir lo mejor para nuestro bien individual", ya que en este caso, si los muchachos hubieran seguido el bien individual, sólo uno hubiera podido bailar: al pedírselo todos a la rubia, ella hubiera seleccionado a su gusto... pero lo peor es que los perdedores no tendrían en este caso premio de consolación ya que las morenas, ofendidas, no aceptarán nunca ser una mera segunda opción. Sólo bailarán dos personas si se sigue el bien individual –la rubia y el muchacho de su elección-, mientras que si se sigue el bien colectivo, bailarán seis -tres parejas-, ya que los chicos deciden abandonar todos su primera opción, y luego les es más fácil “repartirse” las otras según sus preferencias: la negociación será más fácil ya que no les irá la vida. Éste es un ejemplo en el que vemos que si queremos conseguir algo, no sólo nos hemos de centrar en nuestro gusto personal, sino que hemos de pensar en como piensan los demás. Pero lo que aquí no deja de ser gracioso, y que acaba con una situación óptima (seis felices en vez de tan sólo dos – el capitán del equipo de fútbol americano y la cheer-leader más popular, la rubia), puede acabar en desgracia si nos fijamos en el devenir de la desdichada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Keynes, otro economista de los que crearon escuela, compara directamente &lt;st1:personname productid="la Bolsa" st="on"&gt;la Bolsa&lt;/st1:personname&gt; –y no sólo el comportamiento humano- a un concurso de belleza: en un concurso de belleza en el que se da un premio al que haya votado (apostado) por la ganadora, si quieres ganar no tienes que apostar por la que crees más guapa, sino por la que crees que la mayoría creerá más guapa. Y por mucho de que tu sepas a ciencia exacta que tu elección es la chica más guapa, si te quieres llevar el bote, mejor vota por la que crees que los otros votarán (se sabe por ejemplo que la hija del gobernador es una de las concursantes, y que como todos los ahí presentes lo saben, votarán por ella para así no hacer un feo al gobernador y esperar así, de su buen humor, algún que otro favor). Así, pensando en el gusto (o interés) de los demás, tú ganarás algo de dinero (no el premio total, porque lo has tenido que repartir entre todos los acertantes). El problema es que la chica guapa de verdad, ella, pese a ser de verdad la más guapa, no ganará el premio que se merecía en toda regla. Se irá desdichada, incluso podría pasar que se suicide de la pena. Eso es lo que pasa en &lt;st1:personname productid="la Bolsa" st="on"&gt;la Bolsa&lt;/st1:personname&gt;: si una buena empresa no es reconocida, pese a que, objetivamente, lo tenga todo para ser exitosa. Puede darse el caso de que se pegue una castaña. Puede pasar que los inversores la lleven a la ruina al vender las acciones que ya poseían de ella, provocando un derrumbe de su precio, y por ende del valor de la empresa, que luego no tendrá argumentos para explicar al banco el porqué de tal debacle, y éste le retirará los créditos, y la empresa tendrá que cerrar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;br /&gt;Esto que pasa en &lt;st1:personname productid="la Bolsa" st="on"&gt;la Bolsa&lt;/st1:personname&gt;, elegir al que quieren los otros, olvidándote de tu criterio personal, es lo que ha pasado en el mercado. Se dio mucho valor a productos sin valor, las subprime (como aquellos daban valor a una concursante que en realidad era muy fea), por el simple hecho de que lo vendían las empresas líder, que hombre, ¿cómo se van a equivocar si son empresas súper serias, "con estudios"? Todas ésas empresas (bancos de inversión, aseguradoras, etc, etc) compraban y vendían entre sí, ya que confiaban entre ellas, y creyeron últimamente haber encontrado una gallina de los huevos de oro. Tanta impresión causó su éxito, que de facto se convirtieron en los líderes de la economía. ¿Y qué es un líder? No sólo el que va primero, sino que sobre todo, el que marca la pauta. En este caso, los precios. Así que si estos bancos decían que tal hipoteca costaba tanto porque la casa valía tanto, nadie osaba rechistar. Pero nadie sabía por qué -no era un coste de construcción, era un precio especulativo, que se sostenía con la creencia de que el precio de la vivienda no decaería nunca. Ole los profetas-. Pero claro, te lo vende el número uno, que tiene tantos expertos, tantos sabios, así que tú vas y lo compras. Así, ellos han hecho la jugada: "cómprame ésto, que cuesta x dólares", cuando de hecho eso no les ha costado nada, pero como son líderes, los otros nos lo creemos, y a la chita callando. Y ellos han hecho el negocio. Pero un día alguien, aunque tarde, ve el error (o a lo mejor podríamos decir, sin reparos, el engaño). Y lo denuncia. Y de ahí la cascada... Porque ya habéis visto como estas empresas, en vez de cimentarse en algo sólido, estaban apoyadas unas con otras. La cascada nos afecta también a los mundanos por lo mismo de siempre: se hicieron tan poderosas que se expandieron y expandieron, así que miles de pequeñas empresas tenían créditos avalados con fondos de esos bancos, que ahora se han secado, con lo cual las empresas ya no tienen el crédito del banco... Otro ejemplo que a algunos jóvenes les sonará es lo de buscar empleo. Bueno, aquí hablo de mi sector particular (economía y negocios): lo importante no era tener muchas ofertas, sino simplemente una de las buenas. Porque la información corre entre las escuelas y las empresas, y cuando una de las buenas consultoras te hacía una buena oferta, las otras empresas te abrían las puertas mucho más fácilmente. ¿Por qué? Pues porque, como siempre, confían en el nombre de las buenas empresas. Confiaban que ellos ya te habían hecho pasar sus pruebas, así que para ellos también valías. Como si todas las empresas fueran iguales. Como si la primera empresa no me hubiera seleccionado porque resultó que yo iba de colonias al mismo campamento que la persona que me entrevistó. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;El mercado liberal había autorizado esta vía libre (no se metía, dejaba hacer negocios), así que si no se limitaron las acciones en tiempos de bonanza, por la misma regla de tres, en tiempos de vacas flacas se hubiera tenido que dejar caer a las empresas que disfrutaron de la barra libre y no pensaron en que a lo mejor estaban mordiendo la mano que les daba de comer (como por ejemplo pasó con Lehman Brothers, el cuarto mayor banco de inversión americano, una quiebra sonora, una empresa de la que el regulador americano no se apiadó). ¿Pero cuál es el problema? El tamaño colosal de tales empresas hace que, obviamente, estuvieran involucradas en millones de operaciones con entidades "normales", desde empresas industriales y tecnológicas con verdaderos proyectos detrás, pasando por los millones y millones de personas que se encuentran con sus casas hipotecadas a unos precios ya incambiables, que se encontrarían pues a dormir bajo el puente. Vaya, que como todos nos creímos el cuento, como todos confiamos en su fortaleza inquebrantable (envidiando su poder, sus ganancias, preguntándonos ¿pero cómo es posible? ¿Cómo lo hacen? ¿Qué estoy haciendo mal que no soy mega maxi multi millonario como ellos?) hasta el punto de confiarles nuestro dinero -a menudo de una forma indirecta-. Si ahora se deja caer a estas empresas, nos caemos todos. Así que ha habido socialización de las pérdidas: el estado americano ha comprado estas compañías (es decir : los americanos han pagado con sus impuestos -que vienen de su trabajo en una empresa- la compra de una empresa, en vez de financiar la escuela pública del barrio o el arreglo de la carretera, etc).Vaya, un círculo bien absurdo, como podéis ver. Porque la empresa no se ha comprado con el objetivo de que el estado pueda tener sus beneficios - que se distribuirian a los accionistas, es decir los contribuyentes- bajo nuevas obras públicas o bajadas de impuestos-. El resultado: que los que durante años han ganado millones con prácticas que si bien a lo mejor no podemos calificar de fraudulentas, podemos sin embargo calificar de abusivas, siguen con sus ganancias. Perderán las stock options (de hecho, las siguen teniendo, pero es que ahora éstas no valen nada de nada), cierto, y el trabajo, cierto. Pero no perderán los millones que ya hayan ganado, en contante y sonante, porque se van sin deudas. Moraleja: tú haz filigranas, aprovéchate del sistema, que si la pifias, tranquilo, no tendrás que pagar tus deudas de por vida, sino que el estado -es decir, los contribuyentes- pagarán por ti. Es por eso que los EEUU dejaron caer a Lehman Brothers: no quieren que se incite a este círculo perverso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Pero ante la magnitud del desastre, ahora estamos en una fase en la que nos da igual el puñado de millonarios que han sabido sacar jugo al sistema – porque sigo diciendo que, aunque duela decirlo, no hacían nada ilegal (salvo excepciones a &lt;st1:personname productid="la Enron" st="on"&gt;la Enron&lt;/st1:personname&gt; y Arthur Andersen, que fue uno de los últimos escándalos financieros, pero eso fue ya hace años). A lo hecho, pecho. Fastidia, pero mira, que se regocijen: antes que tirar al polizón por la borda –si lo hay-, antes que buscar culpables, hay que reparar el agujero, que si el barco entero hace aguas, entonces no habrá ni polizón, ni listillos, ni pasajeros, ni tripulación, ni mercancías, ni nada de nada. Ahora se trata pues de salvar el coste para la población en general. Lo que ha fallado es el sistema que les ha permitido hacerlo, que no ha sabido ver la impostura a lo que todo esto llevaba. Así que lo que toca ahora es pagar, pero sobre todo, preparar un futuro en el que esto ya no puede pasar. Y esto supone un cambio de rumbo esencial en el liberalismo. Básicamente, el cambio puede ser o a nivel de regulaciones, o a nivel de educación. A nivel de educación, sería por ejemplo en el caso siguiente -que es el que sostienen los más liberales-: ¿que alguien quiere hacer las mismas maniobras? pues que las haga, eso no pasa nada. Pero que las otras empresas, en vez de acudir y comprar a precio de oro un puñado de barro, sea capaz de decir "hey, stop. No porque me lo venda el número uno significa que sea un producto estrella". Pero esta capacidad de reacción es un poco utópica. Vemos que una y otra vez la lección no se aprende, así que yo creo que lo suyo es regular más todo este sector financiero, tan opaco. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;A mi no me importa que un espabilado encuentre el filón para hacerse rico. Al fin y al cabo, se avanza encontrando y corrigiendo los errores. Lo que no puede ser es que todo el sistema funcione a base de haber encontrado una grieta por donde sale dinero del propio sistema: hombre, ¡es que te crees que estás sacando dinero de la nada pero de hecho, te lo estás sacando a ti mismo! Es como si la economía&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;guardara todas sus riquezas en una caja fuerte tan grande como la del Tío Gilito. Y va y el Pato Donald encuentra un agujerillo por donde colarse cada mañana, y así vive tranquilo. Pues mira, no pasa nada, hace más gracia que nada, incluso, como es su sobrino, puede decírselo al Tío Gilito y éste le recompensa por haber encontrado el problema. Pero imaginemos que es el mismo Gilito el que ve el agujero, por donde fluyen sus monedas a la calle, como si fuera un río dorado. Y él, en vez de tapar el agujero, lo que hacer es ocultar el escape, comprar los terrenos por donde pasa el río, soterrar el río, y unos kilómetros más abajo destaparlo todo y gritar ¡Mirad! ¡He encontrado una fuente de dinero! ¡Soy más rico! Y crea un acueducto más grande que el de Segovia, y hecho en oro, por el que lleva el dinero de vuelta a su mega caja fuerte, a la vista de todos. El público sólo ve eso, que al tío Gilito le entra dinero por todas partes, pero no le sale, así que millones de personas confían en él, le piden créditos, y el los da…Pero llega el día en que muchos no pueden devolverlo porque ha habido inundaciones y sus campos ya no han dado trigo, y no han podido pues vender el trigo. Tio Gilito se queda pues sin dinero de vuelta. No tiene nada. No puede dar más a los millones de clientes que se había hecho. Y muchos de esos clientes, que habían empezado a construir fábricas, han de paralizar las obras porque no sólo se han gastado toda su fortuna personal, sino que además lo que contaban del banco ya no llega porque el banco ha quebrado…Y todo tan sólo porque Gilito vendió más de lo que tenía, porque la gente pensaba, al ver ese río dorado entrar por el acueducto, desde la fuente milagrosa a la caja fuerte, que Gilito era una buena garantía. Ése es el problema: que ningún ciudadano, o ningún ente institucional, hubiera hurgado de verdad en esa fuente milagrosa, para ver que de hecho la riqueza no venía de algo real –una fuente natural, o del rendimiento de fábricas que Gilito tendría en ChinaLand-, sino que era un flujo continuo desde su caja, un circuito cerrado. Algo sin base real. Una burbuja. No se puede crear riqueza de la riqueza y nada más – sólo se pueden pagar intereses sobre el capital si hay un verdadero trabajo real que crea ese flujo de dinero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;A esta hora en Wall Street están discutiendo si dejan apostar a la baja o no (lo que en finanzas se llama "operaciones cortas"): apostar a la baja significa que hay gente que dice “apuesto que tal empresa caerá”, lo que de por si no es muy sano, y ante tal debacle, se está haciendo de oro, arruinando de paso más aun el sistema. El mecanismo es simple: es casi como decir "apuesto mil pelas a que las acciones pierden valor". OK, tonto el que te sigue la apuesta, dirán los liberales. Pero no, no es tan simple: lo que pasa es que cuando apuestas que perderá tal caballo en el hipódromo, el caballo no lo nota, él hará su carrera igual. Pero en economía, no son caballos, sí que hay repercusiones negativas al apostar a la baja por una empresa. Si apostamos a la baja, eso se traduce en que la empresa que tenía buena salud pierde la confianza, se deprime, los bancos no le dejan dinero, y ella quiebra. El suicidio del que hablaba anteriormente, con Nash Y Keynes. Y sólo por el capricho de unos especuladores. Apostar al alza lleva al camino opuesto: una empresa fea puede convertirse en guapa (lo que se conoce por "profecía auto realizadora"), no pasa nada, incluso es bueno si al final, a base de apostar por la que está mal, vea ésta tanto dinero que se pueda comprar jabón y lavar la cara, cortar el pelo, y comprar alimentos sanos, y así volverse guapa de verdad. Ojo, claro, que esto no lleve a ilusiones demasiado irreales… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Al fin y al cabo, aquí no hay nada nuevo. Nos ha vuelto a llevar la euforia del dinero fácil: invertíamos en Bolsa y ganábamos 20% al año como si nada. Así que venga, todos a invertir a ciegas, en fondos de inversión que nunca comprendimos. Una cosa es comprar acciones, que sabemos de qué empresa son: en el fondo es un buen canal de ahorro y una buena manera de ayudar a la economía para que funcionen las empresas. Riesgo sigue habiendo, eso sí, pero algo más claras están las cosas. Por cierto, aprovecho para recordar un estudio que utilizan en Naciones Unidas: la de fondos de inversión que se venden como si fueran productos inocentes... y sin embargo tienen una cartera compuesta por empresas de reputación más que reprobable. Por algo se crearon los fondos de inversión "sostenibles", o con "responsabilidad social". Simplemente hacen una dobe criba: empresas con buenas prospectivas de futuro, pero que además tengan cierta "conciencia". De hecho, resulta que muchísimas empresas "responsables" pertenecen al grupo de las económicamente viables (básicamente porque no sólo el inversor, sino que el consumidor empieza a estar más concienciado en ello, así que las empresas eficientes y "buenas" resultan ser más eficientes... así que círculo virtuoso).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;En fin, que el liberalismo debe reinventarse, o al menos debemos ser conscientes de algo: uno no puede ser liberal si todos no tenemos la misma información, o educación para entender. Hemos de ser capaces de ver el plumero de los que se quieren pasar de listillos. ¿Que se nos cuela una, a título individual, en una inversión arriesgada? Bueno, pues mala suerte, por eso se le llama especulación. Pero lo que no puede ser es que las empresas clave de nuestra economía -hipotecarias, financieras, industriales- se aseguren entre ellas, unas a otras, yo a ti, tú a él, él a mí, perdiendo el contacto con la realidad. Eso es lo que se llama una burbuja. Con que uno levante los pies del suelo, y el otro le crea y se ponga a su órbita, ya basta. Ya estamos flotando todos. Pero &lt;st1:personname productid="la Tierra" st="on"&gt;la Tierra&lt;/st1:personname&gt; sigue abajo, y tarde o temprano la gravitación nos hará caer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Las instituciones tienen el deber de hacer que esto no pase. Porque entonces sí que es un engaño: que empresas jueguen con su estatus casi institucional, vendernos cosas como un seguro, para ver que luego tales productos son tan volátiles como el polvo, eso es casi estafa. Digo casi, porque nadie nos obliga a poner nuestro dinero en una cuenta de ahorros. Pero vaya, pedir un crédito al banco es la típica forma que tienen los pequeños empresarios de salir adelante, si la abuela no tiene guardados billetes de diez mil pesetas debajo del colchón. Y puesto que estos servicios se cobran caros, no puede ser que de la noche a la mañana se nos cierre la ventanilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Si queremos jugar en el patio de los grandes, debemos estar preparados, si no, nos van a patear sin piedad. Traducción: si queremos jugar a ser liberales, tenemos que conocer todas las reglas -y por ende, todos los vacíos legales, todo aquello que puede llevar a una burbuja especulativa- o de lo contrario estaremos corriendo muchos más riesgos de los que pensábamos. Pero eso es imposible: cada loco con su tema, y si uno ha decidido ser médico, no tiene tiempo para tragarse todos los libros de economía y los manuales de finanzas para intentar descubrir la trampa. Así que si somos conscientes de que ese día "del conocimiento total" no puede llegar nunca, debemos hacer dos cosas: alertar a la población de los riesgos reales de nuestra economía, para que así no los corra, y así no se forme una burbuja, y así no explote, y así no nos salpique a todos. O bien, y ésta es la segunda cosa, prohibir estas prácticas mediante leyes y reglas. De hecho, en Europa, el capitalismo salvaje, el liberalismo puro y duro no existe, tenemos un marco social que intenta justamente encauzarlo todo (lo que no significa que vivamos en el mejor de los mundos y que seamos felices como Heidi y Marco). En Europa, sobre todo en los países escandinavos, no se lleva tanto el vivir a cuerpo de rey, si no el dormir tranquilo, lo que conlleva un sacrificio del interés individual por el bien colectivo (y una aceptación del 50% de impuestos para que así todos los escandinavitos puedan ir no sólo al colegio, si no a unas excelentes universidades, sin pagar un duro, y con un piso casi gratis en muchos casos). Reconozco que esto es una opción de vida como hay otras, es algo que en países con una identidad muy marcada, muy localizados, con poca población, se puede hacer. Pero en países heterogéneos, con muchas formas de pensar y vivir, eso es complicado. Pero sólo quería recordar que existe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Pues eso, que si jugamos a ser liberales, hemos de ser capaces de conocer el alcance del riesgo, y saber decir no. Porque por muy grande que sea la empresa, será una empresa privada, cuyo objetivo será aumentar el beneficio, así que lo intentará todo por ello. La diferencia es que si un panadero hace una magdalena con chocolate y te la vende a un increíble precio de 3 euros, pues mira, no pasa nada, porque sabes lo que es la magdalena y el chocolate, sabes que es demasiado cara, pero la compras porque te dices que te apetece, que estás dispuesto a sacrificar los tres euros. Sabes que no te juegas más que esos tres euros. Pero ojo con las empresas más grandes que no sabemos lo que nos venden. Recordemos que su objetivo es crear beneficio (eso es normal, no se puede criticar - nos puede fastidiar que no vean más allá, pero no se puede criticar), y lo intentará aumentar si puede (eso también es normal... vale, vale, que si avaricia, codicia, etc, pero hasta niños de los que venden pulseras con caracolas, los veranos en el paseo marítimo del pueblo, prueban de venderlas a 75 pesetas en vez de a 50). Eso no se ha de criticar: se ha de ser simplemente más listo, y no aceptar cláusulas o precios abusivos. El mercado en teoría es el que haría que, al nadie aceptar el abusivo precio de 75 pesetas, los niños se vieran obligados a bajar el precio a diez duros. Pero claro, ese mercado que todo lo equilibra, necesita la acción conjunta de muchos de los millones de individuos que actuamos de forma individual, egoísta o no, centrándonos en nuestros propios valores y preferencias. No es como el caso de las hormigas: ellas tienen grabadas unas pocas y simples reglas en su cabeza, las llevan de serie, recién salidas de &lt;st1:personname productid="la Factoría Reina." st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Factoría" st="on"&gt;la Factoría&lt;/st1:personname&gt; Reina.&lt;/st1:personname&gt; Todas piensan igual, actúan igual, quieren lo mismo: ellas quieren lo que quiere la comunidad. Por eso su acción conjunta es tremendamente efectiva y crea maravillas. Que si hay un agujero en el camino, la primera hormiga en pasar por él se echa encima para hacer de puente, y que sus colegas le pasen por encima. Vaya, que a nosotros, pese al gregarismo que mencionaba antes, somos muy toca narices, que no nos ponemos de acuerdo ni para dejar salir antes de entrar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Así que, visto lo visto, yo creo que quien ha de ejercer tal control y crear unas reglas simples y claras para que esto no se desmadre, es el estado. Yo no digo que vaya a haber una revolución, ni lo creo, pero las cosas deben cambiar. El capitalismo seguirá, por dos razones: la primera, que es la mejor manera de crear riqueza. La segunda, que el capitalismo es lo que se combina mejor con la libertad (a nadie le gustaría vivir en una economía tipo &lt;st1:personname productid="la URSS" st="on"&gt;la URSS&lt;/st1:personname&gt;, donde te decían todo lo que debías y no debías hacer, y no solamente en el ámbito laboral). Sin embargo el estado debe saber echarle el freno de mano, que no se le pase de la raya a las primeras de cambio, porque el capitalismo y el liberalismo suelen buscar los límites, y a veces eso no es bueno. Luego, y es ya para cuando tengamos una economía más real, menos especulativa y ficticia, la gran pregunta será el "¿para qué?”. ¿Para qué tanta riqueza? He dicho que el capitalismo es la mejor manera de crear riqueza, pero no he dicho que el mejor objetivo en nuestra vida sea el de crear, conjuntamente, la mayor cantidad de riqueza posible. Primero, hemos de aprender a aplicarla en algo útil, no a amasarla. ¿De qué me sirve morir rico, si en el Cielo todo es gratis? Y segundo, aquí estoy yo haciendo perversamente la amalgama entre dinero y riqueza, riqueza y felicidad. Pero una vida feliz para todos no sólo se hace de riqueza material (agua, ducha caliente, comida variada, hospital, aprendizaje...): ¿cuál es el tipo de vida que queremos llevar? ¿Por qué cuenta cómo riqueza el coleccionable de septiembre que me vendieron sin que lo quisiera, pero no cuenta el baño gratis que me pegué en el mar, o el chiste que me explicó mi amigo? Ésa debería ser la pregunta para el próximo milenio, al menos en Occidente, donde por suerte somos muchos los que ya no hemos conocido el hambre ni la guerra, los que ya gozamos de un bienestar material sin haber trabajado aún para ello. Eso es ya otra historia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7616701623785886811-3510223769831706700?l=jordiaznar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://jordiaznar.blogspot.com/feeds/3510223769831706700/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7616701623785886811&amp;postID=3510223769831706700' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/3510223769831706700'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7616701623785886811/posts/default/3510223769831706700'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://jordiaznar.blogspot.com/2008/11/crisis-subprimes-y-otras-historias.html' title='Crisis, subprimes, y otras historias'/><author><name>Jordi Aznar Peyra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17008641578079979749</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_xIk0LRHkB4Q/R69WFKu4ikI/AAAAAAAAAYE/uDOrXXZwlk0/S220/chuchill+043.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_xIk0LRHkB4Q/SRuPdkCL2nI/AAAAAAAABVE/5o9P_3P0V10/s72-c/20060120182004-tio-gilito1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
